1. Nunca he creído a pies juntillas en el sistema democrático. Sin embargo, no puedo ofrecer otro mejor. Cada vez que he escuchado el tópico de “la fiesta de la democracia” asociado a unas elecciones he sentido el sarpullido de la duda. Lo cual no refuta, sino avala, que las decisiones solo se pueden adoptar con respaldo ciudadano.

En el 1-O algunos se han empeñado en hacernos pensar que votar es una mierda.

2. Escucho:

“Amigos no hemos perdido, pero hemos ganado muchos silencios”. (Ya lo creo).

“Esto está lleno de irresponsables” (Lo dicen unos y otros. Y nosotros, si este pronombre personal aún tiene sentido).

“Las imágenes son una vergüenza”. (Y la principal conclusión de la jornada).

“El conflicto se dirime en el terreno simbólico”.  (Nadie parece dispuesto a dirimirlo en otro ámbito).

“Todos los efectivos de las fuerzas policiales se han ido a comer en un restaurante en las afueras de la ciudad”. (Que el humor no falte).

3. “Lo que ha ocurrido hoy era inimaginable”.

– ¿De verdad no era previsible?

“Lo que ha ocurrido hoy era inimaginable”

– Al contrario, la clave de este día se ha transmitido en imágenes. Alguien contribuyó decisivamente a ello.

Estamos en una sociedad del homo videns y el imperio de las imágenes somete a la lógica de la razón. La emoción ha anulado el argumentario. El relato ha seguido las normas de la televisión o de las series, no la del ensayo o el debate ilustrado. La mera presencia de las fuerzas del orden presagiaba no solo la renuncia a la conversación sino también la producción de imágenes decisivas contrarias al entendimiento. La realidad superó lo previsible. Quienes habían impuesto el relato y la emoción encontraron aliados irrefutables.

Irrefutables, sí, desde la percepción de muchos ciudadanos de todas partes e ideologías. Las imágenes resultan muchas veces falaces, tanto por su carácter fragmentario como por la acrítica aceptación con la que se reciben. Sin esa actitud preventiva el ciudadano corre el riesgo, lo dijo Sartori, de convertirse en un “ser sin entender”.  (Algún día habrá que analizar la carga de mentiras que las imágenes de este 1-O contienen, porque ellas no son la realidad; por su naturaleza son siempre parciales y, muchas veces, revisables).

4. Y para colmo… ¡el Barça! Decide jugar a puerta cerrada “contra la falta de libertad de expresión, que tanto valoramos, y en apoyo a quienes la están sufriendo” y para “enviar un mensaje al mundo sobre lo que está pasando en Cataluña, que no tiene nada que ver con la normalidad”. Lo dijo su presidente.

Los periodistas deportivos (cada vez más lo de “periodista y deportivo” es un oxímoron) reclaman menos tibieza, más coherencia, más radicalidad. O sea, que el Barça, según los susodichos periodistas deportivos, debió negarse a disputar el partido, pese a los seis puntos que le podía costar o precisamente para ello.

– ¿Por qué no se cerraron, los cafés, los cines, el teatro y hasta los parques?

– Los teatros también cierran.

– Por motivos más concretos.

5. Absoluto respeto a las declaraciones de Gerard Piqué. En tanto que personales y respetuosas. Pese al profundo desacuerdo con su análisis y a su condescendencia con las autoridades catalanas, tan responsables ellas del Disparate Nacional.

Tal vez sus palabras se sumen a lo más representativo de las imágenes de esta fecha y tengan más importancia que muchos discursos. Aunque… ¿en las afirmaciones identitarias de Gerard no late una indudable voluntad de convivencia? ¿Y de respeto a los “muchos españoles” a los que alude para seguir vistiendo la camiseta de la selección española? ¿Por qué el “periodismo deportivo” trabaja en la dirección contraria? ¿Por estupidez? ¿Por ideología? ¿Por el oxímoron?

6. Hablan Rajoy, Sánchez, Rivera, Junqueras, Puigdemont. Las palabras no sirven, Y la tristeza con que comenzó el día se agiganta.

7. Concluye la jornada. El fiasco es múltiple. Rajoy aseguró que no habría papeletas ni mesas ni urnas ni censo ni votaciones. Hubo de todo. O esa impresión dio. Tanto Estado, tanta fuerza, tanta convicción avivan el ridículo.

Sin embargo, el fiasco no legitima a los promotores. Lo suyo es un fraude. Y comparten responsabilidades. Pese al relato e incluso las imágenes.

8. ¿Pero qué referéndum es este, del que todos han sacado conclusiones y nadie conoce el resultado? Eso no importa. Cuando llegan los supuestos resultados, no interesan. El mal ya estaba hecho y con el fraude y el fiasco se ha agravado. Solo queda la tristeza.

 

Sobre El Autor

Artículos Relacionados

Una Respuesta

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.