Pena. Mucha pena.

“Estoy asustada”, escribe Silvia.

“Tiempo incógnito”, se puede leer en La Vanguardia. También ignoto, también. La incertidumbre nos destroza.

Tiene razón Antonio Maillo. “Me hubiera gustado ver banderas españolas contra los recortes”. A mi también. Aún más, me hubiera gustado que encontrar banderas españolas, senyeras, ikurriñas… Quizás, con las unas y las otras, estaríamos en otra situación, de menor riesgo para todos… Hubiera bastado defender los derechos de quienes más sufren, sin necesidad de disputar la superioridad de unos ideales contra otros.

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O mejor, mucho mejor, si hubiéramos reclamado la igualdad y la justicia sin necesidad de enseñas ni estandartes… Hubo un tiempo, sí, en que “nuestras almas se llenaron de banderas”. Luego llegamos a la conclusión de que nos sobran todas. Para que no nos engañen con falacias repugnantes: pueblo, independencia, imperio de la ley, orden…

Sin embargo, hay quienes pregonan la convivencia con banderas, no a banderazos…

Gobernados por el enemigo. No hemos sido capaces de cambiarlo. Algunos, en vez de intentarlo, han buscado otros enemigos que los gobiernen y se enfrenten al primero. Y ahora, si uno machaca al otro, ¿deberemos salir en defensa de alguno?

Morimos todos. ¡Cuánto equilibrio! Gracias.

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Esto no va de buenos y malos. Tal vez vaya más de malos y malos. Porque en estas situaciones hay culpables, pero apenas caben los inocentes. Los culpables pueden ser muchos y en muy diverso grado, pero inocentes puros… ¿A quién no se le escaparon palabras o silencios de más o de menos?

Se puede extender el número de los inocentes para no caer en el abismo pesimista. Centrémonos en los culpables. ¿Por qué les ofrecemos coartadas?

Cada vez está más cerca el momento de rendirnos. ¿Solo queda la barbarie?

¿Quién inventó este avance histórico?

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