Si la ironía de Giorgio Ruffolo (“El capitalismo tiene los siglos contados”) no fuera también un sarcasmo deprimente, el posibilismo de Antón Costas (“La cuestión es elegir un tipo de capitalismo compatible con la igualdad y la democracia”) podría ser simplemente la traducción de aquella idea a la acción política, al ejercicio de lo posible, con todo lo que entraña de decepción y hasta de burla prepotente por parte de los beneficiarios del único sistema aparentemente viable sobre los que lo sufren.

Si ése es el enredo que tiene atrapada a la sociedad desde hace decenios, quizás convenga distinguir entre lo inevitable y lo modificable para no empecinarse en el lampedusiano que todo cambie para que todo siga igual, una opción que favorece a quienes se empecinan en que nada cambie, aunque la propician quienes aspiran a que nada siga igual. Los extremos, sí, pueden tocarse.

isla_de_aves_venezuela_000Todo ello obliga a afrontar cuestiones fundamentales. Por ejemplo, el predicamento casi absoluto de un concepto decadente, el de soberanía, y el no menos evidente del modo en que la sociedad percibe la realidad, el que marcan los medios en su sentido más extenso. Por eso, quizás merezca la pena avanzar a través de propuestas como las que recientemente ha esbozado Máriam Martínez-Bascuñán en sendos artículos en El País. En el titulado Ciudadano espectador aborda la deriva de la información y la comunicación política hacia la bronca y la banalidad. En Padre sheriff  escribe sobre los discursos que articulan los nuevos liderazgos, basados en conceptos obsoletos como soberanía o, en su mismo nombre, seguridad. Y ambos abundan en la voluntad de moldear las emociones de los ciudadanos aunque sea en contra de la racionalidad.

Si la realidad es esta

“El juego insustancial es preferible a la verdadera confrontación política. (…) ¿Es esto lo que exige el público? ¿Ya solo se excita con la sangre y la bronca? Lo decía Sartori: cuando nuestras mentes se simplifican mientras el mundo se hace más complejo aparece el hombre postpensamiento, fortalecido en su sentido del ver, atrapado ante la comunicación perenne, balbuceante ante cualquier alternativa racional”.

¿cómo convencer de que

cooperación, interdependencia y reconocimiento de la vulnerabilidad son las claves para entender y afrontar el nuevo orden?

Pues eso, que hoy más que nunca el capitalismo parece tener los siglos contados, pero, en vez de corregir su rumbo la sociedad actua tal vez no se haga otra cosa que alentarlo hacia lo más bárbaro, directamente contra la igualdad y la democracia (en su sentido original).

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