Encuentro entre viejos papeles olvidados uno escrito el 10 del 10 del 2005. Nueve años nos contemplan. ¿Para ilustrar el día de mañana (o tan solo el pasado)? Hoy se puede leer con la perspectiva de ayer mismo. Pero también con otras menos inmediatas, como la que ayer mismo suscribía Xavier Vidal-Folch. Escribí, tal cual, lo siguiente:

 10/10/2005

¿El Estatut? Otro lío. Maragall ha salvado los muebles metiendo a ZP en un aprieto de tamaño natural, del que pueden salir ambos trasquilados. El PSOE parece incapaz de resolver su propio conflicto con mesura y discreción, dando nivel al debate. Al mismo tiempo, el PP ha optado por la vía de la soledad absoluta, que sólo puede encontrar remedio –desde su propia lógica– con una mayoría absoluta. Y los catalanes se ven ahora entre la radicalidad y el posibilismo, sabiendo que no volverán a encontrar un momento más propicio para conseguir su plan, y que ellos mismos pueden hacer inviables ante buena parte de sus ciudadanos unas rebajas que se antojan inevitables.

Una vez más, detrás de cada pequeño debate -y sobre todo, detrás de cada debate esencialista, como el de la «nación», tan falaz- se esconden intereses de vuelo corto, rastreros como Acebes o Bono. El  problema radica en que nadie criba los disparates. Las voces alcanzan la misma dimensión que los ecos (en el mejor de los casos) y sólo hay ruido. El tiempo puede tranquilizar el panorama, pero muchos pescadores se dedican a enturbiar las aguas, porque sólo consiguen capturas en el río revuelto.

A mí me parece un grandísimo debate. Un momento de extraordinario interés político. Para replantearnos muchas cosas. La realidad de España y su traslación a una determinada configuración política y administrativa. El significado del Estado como un instrumento de equilibrio y solidaridad desde una perspectiva interna y también externa. Qué mierda de cosa es la izquierda en la que encallan nuestras zapatillas. Por qué la democracia aleja a los políticos de los grandes debates del medio plazo y hace a la izquierda mezquina, ya sea por insolidaridad (la

Izquierda de los países o las regiones ricas, Maragall, ICV) o por pretender la solidaridad permanente de los otros (la de los países o las regiones pobres, Ibarra) sin exigirse nada a sí mismos ni entender que esa actitud impide la solidaridad con quienes viven en la miseria.

Anda ya…

Hoy mismo en El País (edición papel; no las encuentro en digital), el ex-ministro de Administraciones Publicas de la época, Jordi Sevilla, hace unas declaraciones que que clarifican muy bien lo que ocurrió después.

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