El ayuntamiento de Madrid da un giro a la política cultural. La alcaldesa Manuela (Carmena) trata de redirigir un área cuyo rumbo ha sido, más que incierto, confuso. Desde la salida de Guillermo Zapata de la concejalía por razones espurias y su sustitución por Celia Mayer, el advenimiento de la crisis solo era cuestión de tiempo. En este lagar, que no es sitio para oráculos ni adivinos, se predijo. El ayuntamiento había optado por una vía cargada de complejos, camuflados entre banderas que confunden lo alternativo con lo progresista.

La elección por parte de la alcaldesa Manuela de una persona que tuvo responsabilidades en el equipo del popular Alberto Ruiz Gallardón llama la atención, si se evalúa el cambio con criterios ideológicos partidistas. Sin embargo, cabe recordar que de aquella época proceden algunas de las referencias que mejoraron la propuesta cultural de la capital gracias a una interpretación más convencional y, a la vez, más integradora –es decir, al vez, más culta– de la     cultura.

Decíamos ayer: .

Con todo el respeto a la labor de Patio Maravillas y hasta del cine de los afines a los Vigalondo-Zapata, ¿puede ser esa afinidad el aval para tanta responsabilidad (la de gestionar el área de Cultura de Madrid)? ¿Basta el más extenso conocimiento de la ópera wagneriana para lo mismo?

¿Entonces? De eso hablamos: de cómo encontrar gestores culturales a la altura de lo que significa la cultura. Alguno ha habido.

Decimos hoy:

¿Están entre ellos los nuevos responsables del área de Cultura del ayuntamiento madrileño? Esa es otra.

Diremos mañana: ¿Y usted qué entiende por cultura?

Y si se quiere con música: Pongamos que hablamos de cultura. O Pongamos que hablamos de Madrid.

 

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