Más difícil todavía. ¿Puede un feto descubrir un crimen? No importa la respuesta. Ian McEwan consigue en Cáscara de nuez (Anagrama, 2017) hacerlo verosímil; que el lector lo acepte y lo disfrute. El escritor británico mezcla el thriller y la comedia, la inteligencia y el equilibrismo, y convierte así a su última novela en un ejercicio narrativo que plantea múltiples conflictos morales que subyacen bajo hechos cotidianos y la propia sociedad.

El escritor británico se desafía a sí mismo, y no defrauda. http://www.lagardeideas.com/guerra-fria-relaciones-calientes/ Esa es su norma, la que le ha convertido en el máximo representante de una generación formidable. En Cáscara de nuez hace honor a la dedicatoria hamletiana. Desde el ser y no ser del feto que protagoniza el relato el lector participa en la descomposición de una familia o una sociedad atrapadas en sus propios enredos, en sus falsedades y en sus apariencias, en sus ambiciones y sus miserias. Y a partir de esa experiencia se ve inmerso en un proceso discursivo que desborda la trama estricta de la novela para reflexionar sobre múltiples asuntos presentes en la sociedad contemporánea.

McEwan invita a pensar y a divertirse, sin pausa, a afrontar la complejidad de las relaciones más sencillas y hacerlo sin trampas, incluso partiendo de una situación que podría parecer un disparate. Resulta obligado repetir que a este tipo hay que leerle siempre. Porque con él la literatura aúna rigor, complejidad y diversión.

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