Una frase para practicarla: “No se debe hablar porque uno esté seguro de que le van a apoyar, sino porque no puede permitirse el silencio”. La pronunció Chimamanda Ngozi Adichie dentro de un discurso pronunciado en Feria de Frankfurt. El él se refirió a otros muchos asuntos.

En aquella oportunidad dejó constancia de que no podía permitirse el silencio. Por eso dijo esto:

«El mundo está virando; está cambiando; se está oscureciendo. Ya no podemos jugar según las viejas reglas de la complacencia. Debemos inventar nuevas formas de hacer, nuevas formas de pensar. El país más poderoso del mundo parece hoy una corte feudal llena de intrigas, alimentada de mendacidad, ahogada en su propia soberbia. Debemos saber qué es verdad. Debemos decir cuál es la verdad. Y debemos llamar mentira a la mentira.

«Este es el momento de la valentía, y para mí la valentía no es la ausencia de miedo. Es la determinación de actuar a pesar de tener miedo.

«Es el momento de relatos más complejos: no basta saber cómo sufren los refugiados o de qué modo no encajan en una nueva sociedad; también debemos saber qué hiere su orgullo, a qué aspiran, y quién arma las guerras que los convirtieron en refugiados para empezar, de quién es la responsabilidad.

«Es el momento de proclamar que la superioridad económica no significa superioridad moral.

«Es el momento de analizar el tema de la inmigración, de ser sinceros respecto a ella. De preguntar si la cuestión es la inmigración o la inmigración de tipos concretos de personas: musulmanes, negros, morenos.

«Es el momento de la audacia en la narrativa, el momento de los nuevos narradores. Es importante tener una amplia diversidad de voces, no porque queramos ser políticamente correctos, sino porque queremos ser precisos. No podremos entender el mundo si seguimos fingiendo que una pequeña parte de él representa al mundo en su totalidad.

«Es el momento de replantearnos cómo pensamos los relatos. La cuestión de los derechos humanos no hace referencia solo a las grandes historias de represión gubernamental. Trata también de relatos íntimos. La violencia doméstica es tanto una cuestión de derechos humanos como lo es el asilo de refugiados. Eleanor Roosevelt dijo de los derechos humanos: “Sin una acción ciudadana concertada para defenderlos cerca de casa, buscaremos en vano el progreso en el mundo en general”.

Quizás merezca le pena releerlo.

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