Dos días después del 1-O. Pongo la tele. El conflicto catalán en directo. Declaraciones, imágenes, manifestaciones, insultos, agresiones de días anteriores; la lógica de la emoción y el encono. No puedo más. Siento mareos, ansiedad, ¿debo llamar al médico?, ¿de quién soy yo víctima?, ¿dónde y quién contabiliza mi impotencia?

Reconozco mi problema. No creo en el resultado contable del referéndum catalán por razones obvias. Entrado en dudas sobre el número de votantes y el reparto de los votos, no sé si ampliarlas a otras cifras facilitadas por los mismos contables. Por ejemplo, a las de heridos; es decir, a las contabilizadas por la Consejería de Salud y a las del Ministerio de Interior: 900 a 400.

Si yo fuera presidente del gobierno, pediría urgentemente una comisión de investigación sobre el comportamiento de las fuerzas del orden el 1 de Octubre: para que los responsables, incluido yo mismo, dieran explicaciones sobre las imágenes que se han visto. Y exigiría también que se justificaran los datos sobre los heridos, la gravedad de los mismos, los hospitales donde fueron asistidos, el tiempo de atención, etc. Unos y otros, sin subterfugios; a cara descubierta., para luego exigir responsabilidades sin excusas. Y para dejar al margen de la discusión unos hechos que irritan a las personas decentes, aunque no a todas las que parecen irritadas.

Escucho a un periodista. Ratifica que él mismo presenció cómo a una persona le vaciaron un ojo con una pelota de goma. Terrible y, ojalá, condenable. Una vez comprobado, este hecho resultaría irrefutable y sancionable.

En otras ocasiones no se aplicó esa lógica. Por ejemplo, cuando los disparos de los Mossos dejaron a varias personas tuertas; una de ellas, por celebrar una victoria de la selección española. No hubo castigo.

Aunque no tengo dudas sobre los excesos de violencia que se produjeron el 1-O, sospecho que se puede haber tergiversado la realidad, pero, sobre todo, deseo que los culpables de lo ocurrido no queden impunes. Y menos aún que se los introduzca en cualquier martirologio. Como se hizo, por ejemplo, con los Mossos que mataron a cinco supuestos terroristas, a los que se condecoró y se colocó al frente de la manifestación antiterrorista –e independentistas, simultáneamente– sin necesidad de investigar su comportamiento. Curiosamente, los que promovieron esto condenan lo otro.

Me repugna la violencia, pero reclamo investigación, comprobación, certezas y, luego, sanciones o premios. Solo así se podrán resolver las dudas e impedir que ganen los más y mejores mentirosos. (Y ya de paso, la no-violencia era algo bien distinto a los que hacen algunos que tratan de ampararse en ella).

 

Hoy, paro de país en Cataluña. Ejemplo, una empresa decide cerrar; los contables incluyen a todos sus trabajadores, con contrato laboral o mercantil, como participantes activos. Un éxito de la lucha.

  

¿Los bomberos no estaban para apagar fuegos? ¿Qué hacen encendiéndolos? ¿Reclaman reducción de plantilla?

Los medios supuestamente progresistas atienden con esmero al estado de ánimo de la sociedad catalana que explicita su estado de ánimo. Del resto se ocupan menos. O nada.

Los medios supuestamente progresistas atienden con esmero al estado de ánimo de la parte de la sociedad española que padece de rabia, aunque sea minoritaria. Del resto, aunque mayoritario, cero.

Sin embargo, esa Cataluña y esa España doloridas y calladas existen. Están en casa o en el curro. Y lloran.

Algún día habrá que valorar la alianza entre los medios de comunicación en general –y en particular , de la televisión– y las redes sociales como amplificadores de los símbolos (imágenes y emociones) que conforman los estados de ánimo que luego determinan la acción política.

Pero cabe añadir una hipótesis más. En estas situaciones la neutralidad de los medios es más falaz que en cualesquiera otras. En unos casos, por una parcialidad voluntariamente asumida. Y en otros, los pretendidamente independientes, porque solo consiguen atender a las facciones contendientes. El enfrentamiento se universaliza. Lo demás no existe. La épica y la audiencia ganan. La razón fallece. Es un riesgo o algo más.

  

Qué estimulante resulta la épica de la revuelta o la supuesta revolución cuando se puede hacer protegido por la policía o, si esta se excede, amparado por el repudio social hacia las fuerzas de seguridad, lo que legitima el desahogo, el insulto y la provocación.

A eso lo comparan con la lucha contra la dictadura… donde lo único aceptado y protegido era el exceso.

No, en la lucha contra la dictadura se buscaban unas normas que ampararan a los ciudadanos contra los excesos de un sátrapa. La reivindicación de la sociedad catalana hoy cuenta con sus propios aspirantes a la satrapía y con la coartada de un gobierno español despreciable. En medio se quedaron la ley, el derecho y la política. E incluso la decencia.

Algunos familiares se sienten orgullosos del día festivo, participativo y respetuoso que fue el 1-O. Si tienen razón, yo no he entendido nada. Ese día me sentí muy triste.

Ay, Portugal, ¿por qué te quiero tanto?

Dos reflexiones más inteligentes que las anteriores:

Luis García Montero. El orgullo de ser analfabeto. eldiario.es.

Almudena Grandes. Banderas. El País.

 

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