Hoy he decidido no leer el periódico. Basta con hojearlo u ojearlo, ambas cosas. O sea, un paso rápido de las páginas o de la propia mirada. Hay días que no dan para más.

Así me entero de que ha muerto el hombre más rico de Israel, Sammy Ofer, gran servidor del sionismo, según el primer ministro hebreo, pese a estar acusado de mantener pingües negocios con el enemigo Irán, contraviniendo los principios del estado israelí e incluso los dictámenes de Naciones Unidas. Israel impone silencio por razones de seguridad: los servicios secretos consentían el tráfico. Nada que objetar: se trata de la democracia de referencia en aquella parte del mundo.

Me entero también de que Rajoy, abrumado por la quiebra del sistema sanitario de tres comunidades tan simbólicas para él y el PP como Galicia, Valencia y Murcia, anuncia su compromiso social con los españoles. “tendremos el estado de bienestar que podamos”. No sé si para ese viaje hacían falta alforjas. ¿No le valdría con un doctorado honoris causa y que nos deje en paz?

Me detengo, y quedo atrapado, en una entrevista con el presidente de la Academia de la Historia. Ahora entiendo lo que ha ocurrido con el Diccionario Biográfico Español: 50 volúmenes, 43.000 entradas, 6,4 millones de euros de los contribuyentes y una infinidad de desatinos: un franquista hace apología de Franco, un meapilas escribe la biografía de Escrivá de Balaguer, un yerno de Armada la del general golpista, uno de sus asesores la de Rita Barberá, la de Bibiana Aído la sacan de la web del ministerio, la de las infantas Elena y Cristina las redacta directamente la Casa Real… Esto es pura falta de vergüenza. De decencia ni se habla.

Me intereso por la toma de posesión del nuevo rector de la Complutense, el matemático José Carrillo, y entonces compruebo la emoción de sus padres: Santiago y Carmen. Se me amontonan las ideas. Pienso que, después de haber repudiado tanto al dirigente comunista en aquellos tiempos en los que la reforma sonaba a rendición (ahora suena a revolución), este hombre ha decidido convertirse en una referencia necesaria, pese a la biografía de la Academia. Llevado por la pendiente, leo su último trabajo. Hace unos días sugerí algo en la dirección que él plantea. Pero me parece que, a estas alturas, él tampoco está muy convencido de lo que propone. Pero algo hay que hacer. En algo hay que confiar. Pero no sé si se trata de esperanza o sólo de fe.

Lo dejo. Quizás mañana sea otro día.

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