«Sufragistas». Sarah Gavron, 2014

En curiosa coincidencia con la celebración de las elecciones generales del 20 de diciembre, llega a nuestras pantallas esta producción británica que nos lleva a la segunda década del siglo pasado, muy poco antes del estallido de la Primera Guerra Mundial, para contarnos un episodio particularmente significativo, e inspirado en hechos reales, de la lucha de las mujeres por conquistar su derecho al voto.

Ese episodio no tiene que ver, como se ha comentado en ocasiones, con los orígenes del movimiento de las llamadas sufragistas –denominación en principio despectiva, usada por la prensa de entonces, pero que acabó siendo aceptada por ellas mismas–, sino con el momento preciso en que algunas, como las pertenecientes al grupo encabezado por Emmeline Pankhurst, cansadas de pugnar por ese derecho sin obtener visibilidad alguna en una sociedad netamente conservadora también en este aspecto, decidieron pasar a lo que se conoció como acción directa, rompiendo escaparates a pedradas, incendiando buzones de correos, cortando cables de comunicaciones, enfrentándose a cuerpo limpio con la represión de las fuerzas policiales e incluso inmolándose en público con tal de conseguir que sus objetivos fueran conocidos por todos y pudieran obtener la adhesión de círculos cada vez más amplios.

El primer gran acierto de la realizadora Sarah Gavron y su guionista Abi Morgan –autora, entre otros, del excelente libreto de La dama de hierro (The Iron Lady, 2011), dirigida por otra mujer, Phyllida Lloyd­– consiste en haber elegido como centro del relato, no a un personaje célebre, del tipo de la citada Pankhurst –que en el filme aparece muy fugazmente, interpretada de forma testimonial por Meryl Streep–, con el consiguiente riesgo de la hagiografía al uso, sino a una joven desconocida, trabajadora desde su infancia en una siniestra lavandería industrial, casada, madre de un niño pequeño y ajena en principio a cualquier reivindicación de género o de cualquier otra clase. Así, lo que podríamos llamar su proceso de toma de conciencia social e incluso política adquiere en la película una eficaz dimensión pedagógica, en el mejor sentido, lejos también de cualquier didactismo fácil o tramposo.

Porque Maud Watts, que así se llama la protagonista, encarnada con gran convicción por Carey Mulligan, sirve de guía al espectador para adentrarse en los entresijos de ese combate histórico, no desde la perspectiva de alguien que supuestamente lo sabe todo, sino desde esa otra mucho más atractiva de quien lo va aprendiendo poco a poco, con las inevitables dosis de desconcierto, dudas y sufrimientos, causados en este caso por la incomprensión del marido, el desprecio de los vecinos, el acoso de los jefes en la lavandería, la violencia policial, acompañada por un intento de convertirla en confidente a cambio de librarla de prisión, el alejamiento forzoso de su hijo –escenificado en algunos pasajes quizá demasiado lacrimógenos– y otras circunstancias agravantes, que ella tendrá que ir superando poco a poco, hasta llegar a un brillante desenlace compuesto por imágenes documentales de aquel tiempo y por la lectura de fragmentos del libro-manifiesto de Olive Schreiner, Sueños.

Con una de esas deslumbrantes ambientaciones características de las producciones británicas de época, que parece hacernos recorrer las calles del West End londinense como si estuviésemos allí, y con una filmación cuidadosa, en la que sobran posiblemente algunos planos de detalle y movimientos bruscos de cámara que pretenden incrementar la tensión cuando no hace falta en absoluto, porque el relato la contiene en abundancia, o quizá darle unos toques de supuesta modernidad igualmente innecesarios, Sufragistas constituye una admirable lección de historia, apoyada en una hermosa fotografía cuyos tonos cambiantes reflejan otros tantos estados de ánimo, una música envolvente y unas magníficas interpretaciones de las dos actrices citadas, más Helena Bonham Carter y, en especial, el siempre seguro y sobrio Brendan Gleeson en el papel del inspector de policía que, al margen de la brutalidad imperante, trata de persuadir a Maud para que abandone la lucha que con tanto esfuerzo ha emprendido. Una lucha que no es de ayer y sobre todo que está lejos de haber concluido, no solo porque quedan en el mundo muchas sociedades en las que el voto femenino es todavía inalcanzable, sino porque, como refleja el filme con nitidez, esa es solo la punta más visible de un iceberg en el que abundan otras muchas discriminaciones todavía vigentes en todas partes.

 

 

FICHA TÉCNICA

Título original: «Suffragette». Dirección: Sarah Gavron. Guion: Abi Morgan. Fotografía: Eduard Grau, en color. Montaje: Barney Pilling. Música: Alexander Desplat. Intérpretes: Carey Mulligan (Maud Watts), Anne-Marie Duff (Violet Miller), Helena Bonham Carter (Edith Ellyn), Meryl Streep (Emmeline Pankhurst), Brendan Gleeson (inspector Steed), Ben Whishaw (Sonny Watts), Romola Garai (Alice Haughton), Samuel West (Benedict Haughton). Producción: Ruby Films, Pathé, Film4, Focus Features (Reino Unido, 2015). Duración: 106 minutos.

Sobre El Autor

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.