Hay días en que la razón se llena de emociones.

Ayer el número de personas felices en España, sobre todo de mujeres, fue muy superior al de anteayer. Un gran día.

No es mala la euforia del día después. Al contrario. Además de legítima, estimula a los que lo disfrutaron y acecha a quienes no quisieron sentirse interpelados.

El ambiente ha cambiado.

Dos dirigentes conservadores, Macron y Merkel, con una presión popular mucho menor, se adelantaron al manifiesto feminista con propuestas concretas.

En España se reclama, y esta vez puede ser definitiva, un presidente atrevido, no importa si ignorante, porque de esa condición tampoco se libran los tancredos.

 

El lazo no hace al monje. Y el que se pone a la fuerza, a lo sumo, ahorca.

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