El frío del domingo ayuda a congelar algunos juicios.

Las expectativas depositadas en las comparecencias de Urdangarín y del asesor de la Casa Real se redujeron a un comunicado irrelevante. La pérdida de credibilidad del yerno es tan grande que hasta la Casa Real parece decidida a su sacrificio en beneficio de la tan desprestigiada institución. Una elección de tragedia clásica: la vida de un hombre o la pervivencia de la Corona. Sin embargo, a estas alturas, ya no se puede asegurar que nadie vaya a salvar a nadie. El olor a muerto no distingue entre reyes y plebeyos. Sólo lo evita el embalsamamiento.

Italia va a ofrecer, mañana mismo, datos ciertos para evaluar el rumbo de Europa e incluso de España. Una anécdota, tal vez, en un tiempo en el que mandan otros a los que no eligen los ciudadanos y que deciden lo contrario de lo que cada día más expertos recomiendan. Llama la atención la creciente superioridad, incluso la aparente mayoría, de los economistas que critican a la Union Europeay a su empecinamiento en la austeridad frente a los expertos e incluso el FMI. Que ya es decir.

Sólo hace falta que la banca vaticana con los nuevos aires que se anuncian se ponga del lado del crecimiento. Habrá que esperar al cónclave. ¡Quien sabe! A lo mejor, por una vez, el Paráclito se pone de nuestra parte.

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