Desde la puerta del establecimiento un hombre conversa con la vendedora de periódicos a primera hora de la mañana. Ella escucha mientras separa los ejemplares para ordenar en los estantes las distintas cabeceras con sus suplementos y sus múltiples añadidos.

– Le digo yo que la vida de los ricos es mucho más complicada que la de los pobres. Los ricos tienen que preocuparse por el negocio, por la bolsa, por la hostia. Los pobres solo tienen que preocuparse por llegar a fin de mes.

Eso era antes. Ahora, buena parte de esos pobres deben preocuparse por llegar al 10 o al 12 de cada mes, cuando reciben el subsidio de desempleo o la prestación sustitutoria. Otros, siguiendo la reflexión del vecino madrugador, lo tienen aún más sencillo: no deben preocuparse de nada, porque nada tienen y nada esperan.

Pero eso importa poco. Aunque Paul Krugman se empeñe, en el interior de uno de los periódicos ordenados por la vendedora, que la desigualdad es un lastre que  acaba perjudicando incluso a los ricos.

– ¡Otra preocupación más!

Pero que nadie se inquiete, la asumirán con la responsabilidad que les caracteriza.

Sobre El Autor

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.