Esperanza Aguirre no engaña. Dice lo que otros callan aunque lo hagan. «La crisis son el mejor momento para hacer reformas profundas, porque hay comprensión general». Si se trata de desmantelar el estado de bienestar, el estado social… ¡este es el momento! No es casualidad, sino un plan.

Hoy se lo ha ido a explicar a Rajoy. Para que no vacile.  Para que viva el puro liberalismo, del que ella es un símbolo apostólico y radical.

Para empezar una sugerencia de la presidenta al presidente: una profunda reorganización de la Administración pública que permitiría ahorrar, según ella, 48.000 millones. O sea, «si España lo necesita, educación, sanidad y justicia deberían volver al Estado y transporte y servicios sociales a los Ayuntamientos», porque «tenemos que ceder hacia arriba muchas competencias» y así evitar los gastos «de muchísimos cargos, parlamentos autonómicos, asesores, altos cargos, políticos…».

Pero con eso todavía queda mucho para los 48.000: «Hay cosas que no se pueden subvencionar». Por ejemplo, el bachillerato, que podría dejar de ser gratuito, y la educación de cero a seis años «porque no son educación básica».  ¿De verdad que se puede pensar y decir esto? Y más. “Hay que dejar de sostener a todos los que pueden sostenerse solos». O sea, que los servicios públicos no tienen que ser gratuitos para quienes más ganan, que es la manera de que empiecen a ser de pago… para todos.

Más vale no confiarse. Este personaje, en apariencia naif, anacrónico y pijo, ejerce de piraña en el bidé.

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