El sonámbulo no se despertó en la cama, tampoco a la salida del sol, ni siquiera tras el fogonazo de los faros de un vehículo en los cristales del ventanal. Se dio cuenta de su situación al estrellarse contra el piso del patio interior.

La moción de censura contra Mariano Rajoy y el PP es un acto de justicia (sin más, no poética). No merecen una salida con el mínimo de dignidad que les hubiera proporcionado su dimisión. Ellos han elegido su final, hubo otros a su alcance. Y hubo, también, mucho tiempo. Antes.

El rostro del todavía presidente el Gobierno en su última sesión de control o la desesperación de la secretaria general del PP y ministra de Defensa en la comisión de investigación anticipaban su pánico: la moción de censura, esta vez, tiene quien la suscriba.

 

 

 

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