La ultraderecha alemana asoma sus pezuñas bajo la puerta que cierra el paso a los refugiados. La ultraderecha francesa parece lanzada, por lo mismo, a un triunfo electoral inminente. En la Europa del este proliferan movimientos xenófobos y en la del norte, el hasta hace poco bastión de la solidaridad y la acogida, se ponen muros a quienes reclaman asilo.

¿El problema es la Unión Europea, Angela Merkel o la sociedad europea en su conjunto? ¿Esa mezcla, por un lado, de soberbia teñida de superioridad moral y, por otro, de potentado del bienestar supuestamente amenazado por los que carecen de casa, patria y esperanza?

Alemania es, hoy, el paradigma. Y conviene que así sea. Porque da mucho miedo.

A ver si de una vez lo entendemos.

No lo haremos.

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