España acogerá al barco ‘Aquarius’ por razones humanitarias. El presidente del Gobierno lo explica: “Es nuestra obligación ayudar a evitar una catástrofe humanitaria y ofrecer un puerto seguro a estas personas”.

Pasada la moción, formado el gobierno, llega el momento de actuar. Sobre lo previsto y lo imprevisto. El primer caso inesperado, en la frente. El caso Aquarius aboca a uno de los problemas medulares de la sociedad actual: las migraciones. Y el nuevo gobierno, en línea con lo que antes habían anticipado los ayuntamientos de Valencia y Barcelona, ha adoptado una decisión decente, bien distinta a la que se hubiera podido esperar de otros ejecutivos conocidos.

¿Oportunismo? Habrá quien lo afirme. ¿Pacto previo? Se supone que no hay nadie tan idiota. ¿Electoralismo? Ojalá. El mundo vive una oleada de ensimismamientos nacionales contrarios a los derechos de los inmigrantes. En Estados Unidos, Italia, Holanda, Dinamarca, Austria, Hungría…, incluso en gran parte la Europa más desarrollada (Alemania, Francia, Suecia). En estos tiempos (hubo otros menos bárbaros) los inmigrantes, dicho groseramente, “cotizan a la baja”.

Quienes proclaman lo contrario, quienes piensan que este es un asunto extraordinariamente grave e imparable –que requiere una actitud generosa de los países más ricos e incluso de la “clase media”–, quienes reclaman el derecho a la migración no son mayoría. Las fuerzas políticas que hasta ahora se mostraban más abiertas a la llegada de inmigrantes llevan tiempo introduciendo en sus programas matices, restricciones e incluso rechazos para no perder electores. Los movimientos reaccionarios –el fascismo, si la utilización de este término no conduce a banalizarlo– están ganando batalla.

Por eso la decisión del Gobierno español es un acto de decencia. Pero no basta. Es el momento de poner en el centro del debate público en España y en Europa (por lo menos) el problema de las migraciones. Es el momento del compromiso, pero también de la pedagogía. La urgencia del caso, la gravedad de lo que plantea el Aquarius, tiene que aprovecharse para revertir la tendencia anti inmigratoria. No puede reducirse a un momento o limitarse a un gesto.

Tiene que poner sobre la mesa europea, sin tapujos ni ambages, la urgencia del problema. Y la necesidad de tratarlo con realismo. En contra de lo que se dice con frecuencia Alemania ha sido en los últimos años el país que ha acogido a un mayor numero de inmigrantes, Italia el que más personas ha rescatado en el mar, Grecia el que ha asumido una situación económicamente más complicada en relación con sus recursos. En contra de lo que algunos cuentan, el tráfico migratorio se ha reducido de manera muy significativa en los últimos tiempos. Durante 2018 las llegadas por mar, las que más preocupan en Italia, Grecia o España, se han limitado a 13677, 11403 y 10.991 respectivamente. Los estudios que tratan de anticipar el futuro plantean la necesidad, solo en España, de varios millones de inmigrantes en los próximos años para mantener el bienestar de la sociedad española en su conjunto.

Sin Europa, sin debate, sin pedagogía, sin valentía para asumir en los programas electorales compromisos de cooperación y de recepción de inmigrantes, la decisión del Gobierno Sánchez se reducirá a un acto decente, pero no ayudará significativamente a abordar una cuestión central en nuestra sociedad. En España. Y en Europa. También más allá, pero con un solo gesto no se va a arreglar este puñetero mundo.

P:D. Dicho todo lo anterior, conviene tener en cuenta que los inmigrantes no son solo los que viajan en un barco a la deriva o los que arriesgarán su vida en el futuro en alta mar. El Gobierno y Europa también tiene que dar respuesta a los inmigrantes que viven entre nosotros en un régimen de precariedad e ilegalidad sencillamente inhumanos.

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