Tomás Gómez, el alcalde más votado de España, dejó al frente del ayuntamiento de Parla a su íntimo amigo José María Fraile. Pero a este le pillaron en la operación Púnica y tuvo que dimitir antes de cumplir su primer mandato. Su sustituta debía ser María José López Bandera, pero poco antes del pleno que debía elevarla a corregidora se supo que su padre fue contratado por la misma empresa a la que Fraile había favorecido. La candidata López retiró su bandera. El PSOE se empleó a fondo para que la siguiente de la lista renunciara a favor del cuarto hombre, Pablo Sánchez Pastor, elegido en las primarias socialistas para aspirar a la alcaldía en las próximas elecciones, amigo y protegido, como todos los nombrados hasta ahora, del líder regional, Tomás Gómez. El mal podía tener efectos beneficiosos: Pastor podría hacer camàña desde el sillón principal del municipio.

Sin embargo, Beatriz Arcedillo no se dejó intimidar. Ya había sufrido la condición de patito feo o garbanzo negro del grupo socialista desde que se negó a votar a favor del despido de sesenta trabajadores del ayuntamiento. Sus jefes se la juraron. Y eso la curtió. Ahora es ella la que se la puede jurar a sus jefes. Para empezar ha anunciado una auditoria externa sobre las actuaciones del consistorio en los últimos años. Tiembla, Parla; Beatriz puede armarla.

Atentos. A lo mejor la alcaldesa imprevista puede sacar del tablero político a más de un figurante, incluido el candidato a la alcaldía de Parla y al mismísimo candidato socialista a la Comunidad de Madrid, el muñidor Tomás Gómez. No le van a faltar apoyos dentro del PSOE. Y fuera. Y mucha gente va a estar atenta a la jugada: las fichas del dominó están alineadas para recibir el empujón.

Quién sabe, pero, a lo mejor, pasado el tiempo –ya veremos–, los ciudadanos podrán agradecer la carambola.

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