Pasó la cumbre, concluyó el consejo de ministras, regresaron los cedeerres a sus guaridas domésticas, volvieron las discrepancias después de los atisbos de coincidencias… El Procés vuelve a hacerse al ritmo y modo de los cangrejos, ni p’alante ni p’atrás sino pa’un lado o pa’otro, mientras las hinchadas gritan como posesas ante esos andares confusos. Un observador insinúa que, cuando los vientos se tornan desfavorables, también los veleros se mueven en zigzag; en tales circunstancias, es la única manera de avanzar: a trompicones.

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