El deterioro de los medios de comunicación es responsabilidad, sobre todo, de las empresas periodísticas. ¿O no?

La situación de los medios españoles ha merecido un informe crítico en las páginas de The New York Times. La Ley mordaza, la situación de la radiotelevisión pública y la dependencia de la prensa pretendidamente independiente respecto de los poderes económicos (sobre todo, los financieros) forman parte del panorama descrito por el periódico norteamericano. Los editores españoles han reaccionado arrejuntados, en santa compaña, frente a la patraña alentada por periódico estadounidense, que aún conserva el crédito de una cierta pátina de autonomía frente al sistema al que sirve.

El País se ha soliviantado sobremanera, expulsando de sus páginas a un periodista que se atrevió a participar en el informe de The New York Times con una crítica leve (con relación a lo que podía haber dicho) sobre el rumbo de un periódico desnortado por culpa de quienes lo han gestionado.

Una vez más la respuesta a las críticas sirve fundamentalmente para ratificarlas e incrementarlas. No solo los medios españoles están sometidos a poderes ajenos, sino que entre su dirigencia se amparan supuestos demócratas con vocación de sátrapas: en defensa, claro está, de la libertad y el progreso… propios.

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