Todavía hay gente que no entiende la lógica natural de la guerra; la misma que, mientras observa, atónica y escandalizada, matanzas como las de Niza. Berlín, Londres o Copenhague, por aludir solo a algunas recientes, se queda definitivamente perpleja tras el ataque de los misiles norteamericanos contra instalaciones sirias. No por la barbarie en sí, que ya es costumbre, sino por el aplauso internacional y unánime a la brutalidad; o tal vez, por la brutalidad entendida como único recurso contra la barbarie.

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