Un grupo de reconocidos, y reconocibles, militantes del PSOE ha elaborado por encargo de la Gestora que dirige el partido una especie de prólogo para su próximo, según se mire, congreso extraordinario.

Se trata, una vez leído en su integridad,  de un texto generalista, descriptivo de la situación general, en el que se responsabiliza a los gobiernos del PP de los principales desmanes cometidos en los últimos años, pero en el que también se incluyen autocríticas, siempre moderadas e incluso condescendientes para dejar a salvo la trayectoria del PSOE y abierta la posibilidad de un nuevo compromiso con la ciudadanía que recupere las adhesiones e incluso el tiempo perdidos.

Quizás no se pueda catalogar como una pérdida de tiempo, sino tan solo como un preámbulo para la reconsideración del PSOE. Insuficiente para cambiar su propio rumbo, vacío de concreciones y compromisos, tal vez pueda servir para reclamar la imperiosa necesidad de dejar de mirar su propio ombligo. De ello se habla, sí, pero en tono lánguido, indoloro. Corre el riesgo de alumbrar un analgésico en lugar de preparar al enfermo para una cirugía a vida o muerte. Todo depende. Podría ser el preámbulo de una rectificación profunda y una declaración catártica, pero también cabe temer que no pase de un nuevo simulacro.

Desde la calidez del sofá en los días tan crudos de este invierno, la lectura del preámbulo resulta amable. En la calle esa misma lectura, tal vez, no baste. Las heladas no se combaten con café con leche.

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