Una semana después del gran reportaje del Domingo, del domingo pasado, la defensora del lector ha tenido que lavarle la cara a la dirección de El País y, por lo que parece, a algunos más: subdirectores, redactores y otros contribuyentes al desaguisado.

La defensora reprocha la ausencia de fuentes reconocibles (ni una) en el reportaje/crónica/panfleto y que en ningún momento se ofreciera la posibilidad de expresar su opinión a la principal aludida. Ahora se salva el trámite o el trance: la defensora critica a los suyos, éstos se mantienen en sus trece y el lector engañado puede tener la impresión de que se le tiene en cuenta. Obviamente, para que mañana vuelva, de nuevas, al quiosco.

Este es el tinglado.

Chacón y Compañía era, desde el punto de vista periodístico, puro escándalo, aunque en ello incurran a diario, bien es cierto, otros muchos o casi todos los medios de comunicación a nuestro alcance. La información y el análisis son otra cosa que las empresas del sector usan como coartada con el consentimiento e incluso la ayuda de los profesionales.

Basta leer la información sobre el Congreso del PSOE que este domingo publica El País para renegar de cualquier interpretación exculpatoria. Basta comparar el trato que se dispensa a una y a otro candidato para comprobar que se actuó con alevosía y que se actúa con reiteración e incluso con nocturnidad, aunque éste, tratándose de un periódico, es el único agravante que no debe considerarse.

Frente a Chacón, gritona, mero diseño, puro marketing, se contrapone Rubalcaba, calificado con la racionalidad y la mesura que  se le reconocen. A un lado, escasos convenientes; al otro, escasos inconvenientes.

Debo reconocer que comparto el análisis de la candidata, siquiera en sus aspectos críticos. Pero se me ocurre que no basta con ganar para perder la distancia. Salvo que el candidato lo fuera más del periódico que del partido. ¿Será eso?

¿Será eso periodismo?

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.