MALDITOS DETALLES

087584.jpg-r_1920_1080-f_jpg-q_x-xxyxx-1Son de sobra conocidos los riesgos que corre quien se propone realizar la biografía cinematográfica de un personaje popular. Desde las cuestiones, generalmente fallidas, del parecido físico entre el personaje y su intérprete, hasta los peligros de la hagiografía maniquea que lo presenta como un héroe capaz de imponerse a cualquier contratiempo y enfrentarse a todo tipo de enemigos hasta alcanzar el éxito que le ha proporcionado la fama de que disfruta.

Todos esos charcos y muchos más los ha pisado con desparpajo el cineasta mexicano Sebastián del Amo en este segundo filme, tras su debut en el largometraje con El fantástico mundo de Juan Orol (2012). Y lo del parecido no se refiere en este caso al actor Óscar Jaenada, que ya tuvo que cargar con la difícil tarea de encarnar a Camarón de la Isla en la esforzada película dirigida por Jaime Chávarri en 2005. Jaenada se enfrenta concienzudamente y con sólida preparación al doble personaje de Mario Moreno y de Cantinflas, sobre el que pivota buena parte de la obra. Pero el director se empeña en presentar también una nutridísima galería de figuras señeras del mundo del espectáculo mexicano y estadounidense que alcanza momentos 530873.jpg-r_1920_1080-f_jpg-q_x-xxyxxparticularmente risibles en la secuencia de la manifestación sindical de profesionales del cine, enumerando nombres que en nada se asemejan a las imágenes que conocemos de ellos, o en el momento de la entrega del Globo de Oro al protagonista, con unos competidores como Yul Brynner o Marlon Brando que resultan sencillamente ridículos.

Pero eso no pasarían de ser simples detalles –malditos detalles, desde luego, que distraen por completo del argumento– si su abundancia no los convirtiera en obstáculos permanentes. La aparición y reconocimiento de Charles Chaplin, los 128422.jpg-r_1920_1080-f_jpg-q_x-xxyxxesfuerzos del actor Michael Imperioli –tan alejado, por desgracia, del Christopher Moltisanti, sobrino de Tony Soprano en la inolvidable serie de televisión–, el reparto de pelucas y maquillajes estrafalarios entre casi todos los que aparecen en la pantalla, la penosa reconstrucción de varias secuencias de películas más o menos conocidas del astro cómico, aparte de citar otras muchas y repetir cansinamente bastantes de sus muletillas, como «Ahí está el detalle» o, más importante aún, la escena en la que Mario Moreno compone físicamente su personaje de Cantinflas y después adopta ese nombre 126390.jpg-r_1920_1080-f_jpg-q_x-xxyxxartístico, sonrojarían a cualquier alumno del veterano y prestigioso Centro de Capacitación Cinematográfica mexicano, donde al parecer estudió el autor de este pintoresco disparate.

Con todo, el mayor problema de este Cantinflas reside en la decisión de estructurar su desarrollo a base de la alternancia entre los difíciles primeros momentos de la vida pública del actor, a comienzos de los años treinta del siglo pasado, hasta llegar a su triunfo definitivo, por un lado. Y por otro, el empeño del megalómano e incipiente productor estadounidense Michael Todd –que llegaría a ser propietario del procedimiento técnico conocido como Todd-AO y marido de Elisabeth Taylor– por incluir a Mario Moreno y a otras muchas estrellas de primera fila en el reparto de la superproducción 124672.jpg-r_1920_1080-f_jpg-q_x-xxyxxLa vuelta al mundo en ochenta días (Around the World in Eighty Days, 1956), peculiar adaptación de la novela de Julio Verne, treinta años más tarde.

El hipotético suspense conferido a los denodados e insistentes esfuerzos de Todd, en pugna permanente con altos ejecutivos de otros Estudios, y las mil pequeñas vicisitudes de esa peripecia, en el fondo puramente coyuntural –nunca una rueda de prensa de promoción de una película habrá sido seguida con tanta obstinación y tantos rótulos sobreimpresos como esta– obligan a concentrar la atención en ella, de modo que la expectativa sobre si dará resultado y la consecución de este oscurecen127328.jpg-r_1920_1080-f_jpg-q_x-xxyxx por completo casi toda la segunda parte del film, banalizando los aspectos más personales de la vida del actor, sus conflictos familiares, su dudosa actividad sindical, la extraordinaria riqueza adquirida y otros muchos datos que podrían haber hecho más interesante el trazado de su trayectoria humana y profesional.

Pero Sebastián del Amo se muestra mucho más preocupado por conseguir efectos visuales de supuesto impacto, añadiéndoles músicas alusivas a lo que se ve en la pantalla, que por lo que de verdad parecía importar, que se supone que era dar a conocer a generaciones más jóvenes y a cinéfilos olvidadizos la personalidad y la discutida obra del más famoso actor cómico mexicano de todos los tiempos. La conclusión es la irrelevancia: los detalles devoran el fondo del asunto y todo suena demasiado a cartón piedra.

 

FICHA TÉCNICA

Dirección: Sebastián del Amo. Guion: Sebastián del Amo y Edui Tijerina. Fotografía: Carlos Hidalgo, en color. Montaje: Nacho Ruiz Capillas. Música: Roque Baños. Intérpretes: Óscar Jaenada (Mario Moreno), Michael Imperioli (Michael Todd), Ilse Salas (Valentina Ivanova), Alejandro Calva (Jacques Gelman), Luis Gerardo Méndez (Estanislao Shiinsky), J.C. Montes-Roldán (Maurice), Alejandra Prado (Mapy Cortés), Bárbara Mori (Liz Taylor), Ana Layevska (Miroslava Stern). Producción: Kenio Films (México, 2014). Duración: 102 minutos.

Ver todas las críticas de Juan Antonio Pérez Millán. 

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