Los medios interpretan los resultados electorales con la lógica que imponen los políticos y, por ello, con frecuencia, ni unos ni otros entienden los movimientos que reflejan respecto de las actitudes de la sociedad o, simplemente, de los propios ciudadanos.

Las elecciones catalanas se interpretan, en primer lugar, como el fracaso de Artur Mas y, en segundo lugar, del PSC. ¿Y qué?

Desde el primer momento y, en especial, a medida que avanzó el recuento de las votaciones, mientras Cataluña decidía y España esperaba aquí se interpretó que el lío de la convocatoria electoral había conducido a un lío mucho mayor. Y que ese era, en parte (porque se produjeron algunos resultados no previstos), el resultado anunciado en el Diario de campaña (bando nacional); es decir, durante las semanas previas.

La convocatoria abocaba a los dos grandes asuntos pendientes.

1. El debate soberanista, la reivindicación de un Estado propio, la urgencia de un referéndum, el derecho a decidir…

Gran éxito de la propuesta: el 57,73% de los votos representados en el Parlament, a favor. Si se trata solo del referéndum, el 72,16%. El 20,57%, en contra.

Si se cuenta en escaños, 87/20/28 a favor del soberanismo y 107/28, a favor de la consulta.

Además, con posiciones más radicalizadas. La de CiU, porque se ha comprometido extraordinariamente durante todo este proceso. La de ERC, impulsada por su éxito, porque es más irrevocable y, s se quiere, auténtica que la de los hasta ahora nacionalistas moderados. En el otro lado, porque el PP se ve reforzado por Ciutadans, otra posición radicalizada. El papel mediador del PSC –por múltiples motivos, seguro– ha sido vapuleada, aunque tal vez pueda jugar un papel de alto riesgo…

2. La política económica. En este aspecto, aparentemente, el Gobierno más tijeras del Estado, pese a haberse envuelto en un imponente disfraz, ha resultado castigado. Pero solo aparentemente.

El 57,21% (CiU, PP y C’s) de los votos representados en el Parlament está a favor de la política de austeridad y recortes, mientras el 41,48% se muestra en contra.

En escaños, 78 frente a 57.

 

O sea, ¿quién ha ganado? ¿Quién, al que la sociedad y los ciudadanos le importen algo más que su propio ombligo, puede sacar pecho?

Los que crean en el sorpasso. Sin embargo, como ya se ha visto tantas veces, en esta época donde la ideología ni se reivindica ni se estudia (basta ver al PSC, a ICV, a ERC o a la debutante CUP), a los pasos adelante les suceden los pasos atrás. O si se prefiere, el único sentido de la marcha es el de los cangrejos, que, en contra de lo que se dice, no caminan hacia atrás, sino de lado.

¿Y ahora? ¿Quién gobierna, cómo lo hace? ¿Quién lidera, con que estímulos?

De manera inmediata, ¿quién aprueba los presupuestos?

¿CiU y ERC? ¿CiU y PP? ¿Quién de ellos está dispuesto a suicidarse?

¿CiU y PSC? ¿Será está la oportunidad de los derrotados? ¿Serviría para moderar los grandes asuntos pendientes? ¿A quién se le ha ocurrido esta estupidez?

¿Volvemos a empezar?

 

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