La fiscalía no ha decidido mirar hacia otro lado –o eso parece–, sino que ha anunciado una investigación sobre las afirmaciones de la amante Corina en torno al Rey Emérito.

Era el comienzo necesario e incluso imprescindible.

Para dilucidar la veracidad de las acusaciones. Luego, si la verosimilitud resultara acreditada, se plantearía una cuestión judicial en torno a la imputabilidad del rey,  ya fuera en la plenitud de su cargo o como monarca emérito, y otra política y social relacionada con la legitimidad de representante regio e incluso de la monarquía.

La primera afecta a las personas encausadas. La segunda, a todos los ciudadanos.

Por el momento, la Casa Real ha reconocido la gravedad de la situación a su manera: con un parte médico ha explicado que el Rey no acudirá este verano a Mallorca ni a las regatas –es decir, no comparecerá en familia– y con un desmentido del Gobierno ha señalado que tampoco presidirá la representación del Estado en la toma de posesión del nuevo presidente colombiano.

La causa real está en marcha.

Cifuentes, Casado, Urdangarín y tantos otros van a sufrir estrabismo de tanto mirar de reojo.

 

 

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