«Taxi Teherán». Jafar Panahi, 2015

El director iraní Jafar Panahi llegó a España de la mano de la Semana Internacional de Cine de Valladolid, que presentó su primer largometraje, El globo blanco (Badkonake sefid), en 1995 y proyectaría también varios de los posteriores, como El espejo (Ayne, 1997) o El círculo (Dayereh, 2000). Su exquisita sensibilidad para urdir historias sencillas, directas pero cargadas de connotaciones simbólicas que acaban constituyendo una mirada crítica sobre la sociedad a la que pertenecen cautivó a ese tipo de público que no se conforma con espectáculos vistosos de entretenimiento supuestamente inocente y le pide al cine, aparte de otros placeres contemplativos y estéticos, un mejor conocimiento de realidades que nos parecen lejanas aunque puedan estar muy cerca.

Esa lucidez serena e incisiva de la que hace gala Panahi tenía que acabar provocándole graves fricciones con la dictadura fundamentalista que impera en su país. Llegó a ser encarcelado, confinado durante un tiempo en arresto domiciliario y vio cómo se le prohibía rodar en Irán en un periodo de veinte años. No se arredró, sin embargo, y realizó en la clandestinidad –circunstancia que recuerda a las vividas entre nosotros por Basilio Martín Patino, que en los últimos tiempos del franquismo consiguió crear a escondidas Queridísimos verdugos (1973) y Caudillo (1974), esperando a la muerte del dictador y el ansiado cambio de régimen para darlas a conocer– obras como el documental Esto no es una película (In film nist, 2011) y Pardé (2013), que pudieron verse en el extranjero pero no allí.

Dando un paso más en la elaboración de ese cine de resistencia, arriesgado y de futuro incierto pero que puede dar de sí lo mejor de esa forma de comunicación, el cineasta se encierra ahora en un taxi que conduce él mismo por las calles de la capital y en cuyo salpicadero ha instalado una pequeña cámara que adopta un número muy reducido de posiciones y que más adelante se verá complementada por otra más pequeña, manejada por la sobrina del realizador, colegiala lenguaraz y algo pedante, empeñada en realizar un filme escolar, teniendo que seguir las estrictas normas censoriales impuestas por las autoridades, que ella misma lee en un cuaderno de apuntes y que sirven a Jafar Panahi para ajustar cuentas con las terribles limitaciones que él mismo ha sufrido al hacer sus películas.

Antes que la niña ha ido subiendo al taxi toda una galería de personajes singulares, desde un delincuente común y una profesora que discuten acaloradamente sobre la pena de muerte, un vendedor clandestino de vídeos pirateados, un herido en accidente que quiere hacer testamento grabándolo en un teléfono móvil, dos mujeres que llevan unos peces de colores a un manantial para asegurarse así larga vida, o un antiguo vecino que ha sido asaltado en plena calle, hasta una abogada que defiende a presas en huelga de hambre, entre otras figuras que componen una colorida crónica de la vida cotidiana en la capital iraní.

Podrá afirmarse que tan particular estructura narrativa queda sometida a inevitables altibajos, en función del mayor o menor acierto en el dibujo y desarrollo de cada personaje, o que el propio Panahi abusa un tanto de su presencia en pantalla, dado que usa ese plano a modo de comodín para hilvanar las distintas historias y se demora con tiempos muertos quizá poco significativos, aunque se trate a todas luces de una respuesta irónica a una de las normas de censura, que prohíbe tajantemente mostrar cualquier cosa que pueda ser considerada «realismo sórdido». Porque se trata, en el fondo, de una reflexión sobre las posibilidades del propio cine, partiendo de las dificultades para hacerlo en un contexto de represión y anulación de las libertades, entre ellas la de expresión a través de cualquier medio.

Aun con esas limitaciones, Taxi Teherán funciona como un nuevo modelo de cine militante, arriesgado a la hora de hablar de su entorno por encima de todo y frente a todas las prohibiciones imaginables, llevado a cabo prácticamente por una sola persona, cuyos colaboradores deben permanecer en el anonimato por motivos de seguridad. Lo explicita el rótulo final, en el que el autor asegura: «El Ministerio de Orientación Islámica tiene que autorizar los créditos de las películas para su distribución. A mi pesar, esta no tiene créditos. Expreso mi gratitud a todos los que me han apoyado. Sin su valiosa colaboración, esta película no habría visto la luz».

Larga vida al cine concebido como un arma insobornable contra cualquier tipo de intolerancia y fanatismo.

 

 

FICHA TÉCNICA

Título original: «Taxi». Dirección, Guion, Fotografía y Montaje: Jafar Panahi. Producción: Jafar Panahi Filmproductions (Irán, 2015). Duración: 82 minutos.

 

Más información en programadoble.com, el blog de Juan Antonio Pérez Millán.

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