A Pablo y Borja les robaron un par de iPads, una cámara profesional de vídeo y otros elementos de sus equipos de grabación. A cambio, han conocido a una nueva familia, con la que desayunan, observan y ríen; que les ofrece a diario sorpresas, exotismo y, de cuando en cuando, frijoles picantes.

Captura de pantalla 2016-06-08 a las 19.25.35Pablo y Borja son profesionales del audiovisual, tienen una productora en la que no falta tarea y se divierten cada vez que les encargan un trabajo con drones. Tienen varios. Borja los tripula mientras Pablo compone y realiza la señal de la cámara que vuela. Han realizado producciones admirables y aspiran a ser un referente en ese mundo. Su cabeza corre a la misma velocidad que los artefactos que manipulan.

Estos dos tipos, dicharacheros y bajitos, despliegan una cordialidad abrumadora, sin resquicio para la desconfianza. Por eso, una mañana se plantaron en la sierra madrileña en pleno invierno dispuestos a rodar imágenes para un spot de encargo. Aparcaron el 4×4 en pleno bosque y anduvieron unos minutos para localizar el lugar idóneo para la grabación.

Captura de pantalla 2016-06-08 a las 19.25.54Al regresar, ellos y Fer, el sonidista con el que ya habían coincidido en un documental repleto de músicas, ruidos y paisajes, descubrieron que el coche estaba abierto y que faltaban varias piezas importantes: dos iPads, una cámara, la mesa de sonido… Para qué seguir. Buscaron el puesto de la Guardia Civil más próximo para presentar su reclamación en medio de la perplejidad –no habían visto a nadie en toda la mañana– y el enojo por los 30.000 euros del material robado y por la necesidad de reponerlo.

Borja y Pablo presumen de que su mundo se guarda en su productora: un chalet, cuidadosamente decorado, con un recibidor que invita a disfrutar: una especie de salón-cocina con amplio sofá, pero dominado por el silestone rojo y unos electrodomésticos impecables como los de un plató de televisión. A partir de ahí todo predispone a la charla o a la escucha, porque los dos hermanos se disputan, a veces de reojo, la cortesía y la locuacidad.

Captura de pantalla 2016-06-08 a las 19.27.46Ellos explican que, una vez cubiertas las necesidades básicas, que deben ser pocas a la vista del tiempo que permanecen en su auténtica casa, todos los ingresos que generan se destinan a inversiones, a nuevos equipamientos, a las últimas innovaciones; sobre todo, en dispositivos aéreos para alta definición e imagen virtual. En esta ocasión hubo que volver a adquirir nuevos iPads, cámaras y algún otro capricho suscitado por el último catálogo.

De la Guardia Civil sólo volvieron a saber cuando ellos preguntaron. De lo robado, nunca. Los ladrones habían desactivado el geolocalizador automático de los aparatos. La suerte estaba echada; con una policía rural ajena a los avances tecnológicos y amarrada a su garito obsoleto, solo cabía el milagro. Además, los 30.000 euros de valor declarado debían parecerles poca chicha para un asunto de difícil solución; o eso dedujeron los hermanos.

Captura de pantalla 2016-06-08 a las 19.26.19Resignados a la suerte previsible, volvieron a sus certezas laborales y reanudaron el rodaje del bosque. Bajo la sombra de aquellos árboles serranos, Borja descubrió, iPad en mano, en la nube virtual registrada con sus propias claves, donde sus ordenadores almacenan automáticamente sus propias imágenes, unas secuencias que le sorprendieron: un ancho patio terroso, varias personas alrededor de una barbacoa, cantos y gritos infantiles, ambiente de fiesta caribeña, rostros morenos y risueños, vestidos exuberantes de color y vuelo. Luego, otro archivo: una mujer se contonea ante un espejo luciendo bragas y caderas, hasta el bamboleo de la cámara que se apaga; y otro: una foto de familia, amplia y numerosa, con varias generaciones organizadas a diferentes alturas para recordar un gran evento; y otros más que remiten a la República Dominicana, a personajes que se comunican con allegados residentes en España, que celebran el regalo del iPad con el que ahora pueden contarles exactamente cómo están todos y cuánto les echan de menos.

Captura de pantalla 2016-06-08 a las 19.26.46Visto el material, sin necesidad que otra razón que la evidencia, Pablo y Borja decidieron hacerse detectives indagando en las imágenes y en los comentarios hasta identificar la ubicación exacta del plató dominicano, los nombres y apellidos de varios protagonistas del serial, y la dirección de un establecimiento de la calle Fuencarral, de Madrid, donde trabaja uno de los destinatarios de la filmografía apócrifa.

Los datos aportados por los dos productores no han servido, por el momento, para que la Guardia Civil haya movido un dedo. Pablo y Borja, pese a todo, se han reído con su nuevo oficio policíaco e incluso con algunos archivos alojados en su propia nube, pero ellos siguen pensando, sobre todo, en sus drones.

Con el último, vas a flipar, dijo Borja a Pablo. Y no se supo si se refería a las últimas imágenes o al helicóptero recién comprado.

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