“¿Cómo se mide el capital y su productividad?”. Se lo pregunta Félix Ovejero y parece una pregunta inteligente en este tiempo en que sólo está en cuestión la productividad de otros factores y en el que nadie discute la omnímoda e irrefutable autoridad del capital.

Las respuestas que los economistas hayan dado a esta cuestión quizás merezcan atención académico, pero maldito el interés que el capital tiene en conocerlas. Para qué distraerse de lo importante.

Por eso mismo, para qué hablar de que… “lo del orden espontáneo es un cuento; de la necesidad de controlar a los poderes políticos para evitar su entrega a los poderes económicos; de la importancia de las instituciones públicas incluso para el buen funcionamiento del mercado; de la debilidad de la teoría económica cuando se despreocupa de los problemas reales; de cómo los sistemas de incentivos de la academia ahogan las discrepancias y las críticas”.

La conclusión resulta irrefutable: “La ciencia política más cruda ha confirmado el deprimente axioma que la funda: no hay otras razones que el poder”.

Como sentencia Félix Ovejero, “No es un consuelo”.

(Traslado al blog una reflexión y algunas afirmaciones que me parecen dignas de consideración y sobre las que, con frecuencia, reincido. Son los temas de este loco).


Sobre El Autor

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.