Alemania. Los alemanes. Parecen hechos para mandar. Y tal vez se crean con derecho a ello. Después de haber liado las que han liado.

Cuando asumí un cargo en RTVE del que dependían las relaciones internacionales, alguien me lo advirtió: cuidado con los alemanes, nunca serán tus aliados. La recomendación llegaba de boca de un personaje poco fiable por su comportamiento profesional y laboral, por sus convicciones ideológicas y sus planteamientos en torno a la televisión pública, a sus cometidos o a su relación con instituciones y organismos internacionales.

Duró poco en su puesto. Por voluntad suya y tranquilidad mía. A lo largo del tiempo que siguió a su marcha no encontré nada de lo que hizo digno de respeto, ni siquiera de consideración. Sin embargo, su vaticinio me persiguió hasta que yo mismo tuve que salir de RTVE. Tenía razón. Sobre los alemanes.

Al llegar a la dirección de la televisión pública española decidimos relacionarnos con todas las cadenas homólogas con transparencia y buenas dosis de humildad, pese a que RTVE figuraba entre los cinco grandes de Europa. Habíamos iniciado un nuevo proceso, casi fundacional, con dependencia del Parlamento y un nuevo marco legislativo, tratábamos de encontrar un espacio diferenciado de lo anterior. Y tuvimos oportunidad de ser escuchados y respetados por la BBC, por la Televisión Francesa, por la RAI.

Entre los latinos surgieron muy pronto relaciones de complicidad. Con los británicos, de profesionalidad. Con las dos cadenas públicas alemanas, de desconfianza. Con todos se hablaba, pero con ellos no cabían compromisos: preferían eludirlos, a sabiendas de que su influencia en los países nórdicos y en los provenientes del Este les otorgaba una hegemonía incuestionable para decidir responsabilidades, líneas comunes, ya fuera en la negociación de derechos, en la articulación de líneas programáticas comunes, en la renovación de las estructuras organizativas, en la relación con de las instituciones europeas…

La BBC mostraba buenas dosis de iniciativa y actividad para mantener un status de influencia y autonomía (o autosuficiencia), sin compromisos radicales. Con France Telévisions y la RAI tratamos de construir un bloque de contrapeso que resultara básico para los equilibrios en la Unión Europea de Radiodifusión. Las alemanas ARD y ZDF querían mandar y lo hacían.

RTVE pagó el atrevimiento de reclamar nuevos planteamientos en la organización que unía a todas las televisiones públicas europeas (también a las de otros continentes, donde las públicas tienen mucha menor influencia). Éramos novatos. Alemania vetó al máximo representante de la televisión pública española. La BBC nos dio la razón, por teléfono. France Televisions se manifestó en defensa de los españoles e incluso amenazó con dimitir. La RAI se dividió, porque en aquellos años en Italia gobernaba por Berlusconi y en España. Zapatero. El afán renovador en la EBU/UER se perdió por muchos años.

Lo he recordado mucho en estos días, cuando hablamos de Grecia.

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