Cristina Morales ya había reclamado cierta atención en el panorama literario antes de que su Lectura fácil (Anagrama) la revistiera con el premio nacional de Literatura 2019, en la modalidad de narrativa, con el Herralde e incluso con el de los libreros de Madrid. Dos novelas anteriores, Los combatientes y Terroristas modernos, preludiaban un reconocimiento que se ha consolidado con su última obra (2018) hasta el punto de figurar en los recuentos y las listas propias de fin de año (2019) en puestos destacados entre los mejores líbros no solo del año sino también de las últimas décadas. En ocasiones las circunstancias ayudan y en otras distorsionan. Aquí hay de todo.

Esta es la historia de cuatro mujeres con discapacidad, que transitan entre el centro de atención, el piso tutelado y la vivienda okupa para poner de manifiesto su voluntad de autonomía frente a una sociedad que trata de reducir, a ellas especialmente, en espacios protegidos y delimitados insuficientes –física e íntimamente– para satisfacer su ansia de emancipación y libertad.

A lo largo de la lectura se detectan signos de una literatura punk, provocadora, contra el orden y el dogma, incorrecta y transgresora, ácida y cómica, paródica y sarcástica, pero también emotiva y erótica, con una fuerza indiscutible a la hora de narrar escenas de contenido sexual. Ingenio y humor, empatía y crudeza.

A veces, también, redundante. En esos momentos se advierten altibajos narrativos en una obra de enorme intensidad e introspección, que reflexiona sobre cuestiones profundamente reales sin dogmas ni prejuicios y que plantea la necesidad de una actitud ajena a cualquier paternalismo con aquellos a quienes consideramos diferentes por una determinada discapacidad física o mental. La reflexión tiene un enorme interés porque no está escrita para personas insensibles a las dificultades ajenas, sino, sobre todo, para quienes, bajo un manto de condescendencia y sensibilidad, ignoran la profunda desigualdad que esas actitudes amparan, basadas en la superioridad y el poder de quienes establecen la norma social.

En este sentido la reflexión propone, como mínimo, un debate sobre las ideologías pretendidamente emancipadoras y sus contradicciones. Una iniciativa provocadora ante el lector y empática con las protagonistas. Al margen de los excesos que genera lo distinto o lo diferente, en la literatura y en la vida misma.

 

 

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