El lector reconoció los apellidos del autor. Nada extraño en el caso del apellido materno y tampoco en el paterno, aunque esto último sea por razones que no vienen al caso. El lector reconoció los dos unidos en el orden en que aparecían en la portada del libro e inmediatamente pensó en la fachada de la casa donde el posible autor transitó de la infancia a la juventud; recordó también la relación con sus padres y alguna de sus hermanas y añoró un tiempo bien pasado. En todo eso pensó y lo ratificó al leer la contracubierta: nieto de Unamuno.

– Mejor bisnieto.

El librero animó al lector con una sucinta reseña que tenía a mano: «A nueve días de las elecciones generales de 2008, el ambiente político y social se va enrareciendo en España, algo bien visible tanto en los platós de televisión como en los bares, los taxis y los lugares de trabajo. Desde los micrófonos de la cadena CLEN, el afamado y controvertido locutor Ramiro Torres no ceja en sus ataques directos al gobierno socialista, hurgando una y otra vez en la herida del 11-M. Una estrategia que los mandos del partido en la oposición parecen no compartir. En una atmósfera cada vez más inflamable y a cuatro días de la consulta electoral, un asesinato inesperado y mediático contribuirá a revolver las aguas aún más. Es entonces cuando el subinspector Andrés Polo se irá adentrando en una complicada investigación por donde desfilará un carrusel de personajes reales y ficticios».

Concluido lo cual, el librero resumió: «No, no está mal. Explica muy bien el funcionamiento de los medios de comunicación y su relación con el poder. Te divierte el retrato que hace de los locutores de la mañana».

Así llegué a leer Cabello de ángel, la ópera prima de Carlos Santos Unamuno. Entre el género negro y la ficción, entre las sombras de los medios y las de la política, hay más intención que documentación, pero se entiende con facilidad de que se escribe y se pasa con facilidad sobre lo que se lee. ¿Poco o mucho? Según el día, la indigestión o… la nostalgia.

Para compensar el lector decidió cambiar de aves rapaces. De esas que se meten en nuestras casas y corroen, e incluso corrompen, pasóa los cuervos que acechan en la sombra, que invitan a los zorros a despellejar a sus presas para, así, carroñear en el hedor de la podredumbre y la muerte. En esta oscuridad lo fantástico añade truculencia y artificio. El lector debe reposar esta última novela.

– ¿Te gusta Connolly?, le había preguntado el librero.

– Me interesa, sí.

– A mí me encanta.


 

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