Sobre todo en campaña electoral, los líderes políticos buscan la afinidad, incluso la empatía, con los verdaderos prescriptores sociales: los personajes que, con el aval de los medios de comunicación y las redes sociales, definen los criterios, los valores, las verdaderas referencias del modelo de sociedad en que habitamos.. Buscan su complicidad, que les respalda, nunca el conflicto, porque, si la hallan, encontrarán también la de los medios, los verdaderos demiurgos.

silencioDe ahí que, cuando algún ilustre aparece involucrado en un episodio turbio que reclame respuestas cívicas, los líderes políticos sienten una especie de pánico que, en el mejor de los casos, les aboca al silencio. Así ha ocurrido, por ejemplo, a propósito de la denuncia popular que implica a De Gea, portero de la selección española de fútbol, en un asunto de prostitución, agravado porque una de las jóvenes extorsionadas por una trama con la que el futbolista mantenía ciertas relaciones era menor de edad.

Muchos se aprestaron a proclamar la presunción de inocencia, a amplificar las dudas, a minimizar las certezas. Todo se debía resolver en el ámbito de lo privado, gritaron los medios, los propios compañeros, incluso el sensato seleccionador. En plena campaña electoral y en plena Eurocopa, silencio: lo más importante, que no afecte a la selección, como resumió el ministro del Interior con su proverbial y beata propensión a la barbarie.

Hasta que un político se atrevió a expresar, anteponiendo el derecho de la víctima al del famoso, la incomodidad que le provocaba la presencia del interfecto bajo los palos de la selección. Pedro Sánchez recibió descalificaciones e improperios, burlas y desprecios. Y entre los de su clase, mutis. Hasta que Íñigo Errejón y, después, Pablo Iglesias, compartieron las dudas y el malestar de la situación. Algunos medios y no pocos ciudadanos se sobreexcitaron; tal vez, los mismos que proclaman la potencia del deporte, y en particular del fútbol, como transmisor de valores y emociones de interés cívico y público.

¿Valores, de verdad? ¿O sólo los que se compran y pagan a 600.000 euros –importe de la prima en caso de victoria– comprometida por una federación mantenida con dinero público?

silencio-tontosEn todo caso, lo más indignante no es la presencia o la titularidad del portero, sino el silencio, la complicidad y los insultos beligerantes de una enorme mayoría contra quienes reclaman firmeza ante la explotación y la extorsión de la mujer. Porque, en estos casos, sin entrar en mayores profundidades, más vale pasarse por un lado que por el otro; es decir, por el que esta sociedad sigue pasándose.

No se trata de un caso aislado. La afición del Betis ha aclamado domingo tras domingo a un futbolista denunciado por maltrato. Y las ovaciones no fueron tanto por sus goles como para animarle tras haber sido señalado como acosador.

Esta actitud de respaldo no solo se produce ante casos índole sexual.

Muchos periodistas deportivos han exculpado a Messi, porque, sentado en el banquillo, culpó sin pudor a su papá de su reiterado fraude a la Hacienda pública. Pocos osaron replicarle. Algunos de los más aguerridos defensores del crack pertenecen a los mismos medios que señalaron legítimamente a quienes aparecieron de rondón en los papeles de Panamá o en cualquier otra lista de afines al fraude.

Muchos periodistas han exculpado a Neymar –y de paso, a los directivos del Barça y al propio club, según ellos han reconocido– por haber birlado once millones de euros a la Hacienda que somos todos. Pocos osaron replicarles. Ni siquiera los compañeros de profesión que legítimamente señalaron a cuantos se acogieron a la última amnistía fiscal.

7029-2Muchos periodistas hicieron la vista gorda o exculparon a Benzema, inmerso en casos delictivos por conducir sin carné y a velocidades más que excesivas, extorsión y chantaje. La Federacion francesa, en este caso, le apartó de la selección, pero hubo medios que lo consideraron una injerencia o un asalto contra la presunción de inocencia.

Algún comentarista ilustre ha dejado en el aire en el caso De Gea porque la acusación se ha realizado un par de años después de los hechos –es decir, tal vez de manera espuria u oportunista– y porque su comportamiento entra en el territorio de la moral y no en el de la ley penal. Sin embargo, él mismo, como otros muchos, hicieron bien al al no aplicar ese criterio a los casos de pederastia, de corrupción u otros delitos en los que no aparecían ilustres afines.

Así se construye esta sociedad que, luego, vilipendiamos. Así se definen los valores que transmiten determinadas aberraciones. ¿O no?

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