La educación es tan necesaria que sólo ella puede servirnos de antídoto contra muchos riesgos que nos acechan, incluido el de la Universidad. Como esta afirmación corre el riesgo de pudrirse en su propio radicalismo, maticemos: de algunas actividades que la Universidad permite y, a veces, también alienta.

El fraude con marchamo universitario de los catedráticos que se forraban con un fármaco anticancerígeno más falso que el Judas que estos días de semana santa coprotagoniza el mito cristiano reclama una actitud muy precavida por parte de los ciudadanos y un talante muy beligerante de la Universidad contra quienes la denigran.

Pero no ocurre así. La Universidad consiente y en sus intestinos se estimulan comportamientos aberrantes. ¿Es posible que la carrera profesional de un docente se vea a afectada por su pertenencia o no a una cofradía de semana santa, por su implicación en la congregación de las hermandades de la pasión en algunos territorios?

No, ¿verdad? Pues adéntrese usted en los entresijos universitarios andaluces o extremeños, por poner un ejemplo, y pregunte. Se va a enterar…, por ejemplo, de que hay profesores a los que su absentismo religioso o cofrade les sitúa fuera del entorno académico adecuado , lo que les impide cualquier reconocimiento superior. Les toca pensar que el cielo en que no creen podría ofrecerles las posibilidades que no encontrarán en la tierra que contemplan; a fin de cuentas, el dios de las alturas sería, si no fuera un trampantojo, mucho más benevolente que este otro tan terrenal, y tan rastrero.

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