Jair Messías Bolsonaro, presidente de Brasil “por decisión divina”. Por si no bastaba con el hecho de llamarse Mesías, lo ha explicado él mismo en su toma de posesión asumiendo tan lógico designio: “Dios gobierna Brasil”. Solo cabe temblar. Dios no entra en razón. Lo suyo es otra cosa y la historia enseña que cada vez que se puso al frente de un país o un imperio el pánico estuvo asegurado.

Aquí, por el momento, entre una España que muere y otra España que bosteza, no se ha alcanzado ese punto. Pero cada día se aventan iniciativas que hace poco inquietaban y ahora ya asustan. Por ejemplo:

Conmemorar la toma de Granada no se ha inventado  hoy. La celebración de la victoria de los Reyes Católicos sobre las tropas musulmanas y de la expulsión de moros y judíos, ocurrida hace 527 años, fue estimulada durante periodos de infausto recuerdo. Desde hace algunos años sectores vinculados a la defensa de los derechos humanos y a la integración de todos los ciudadanos al margen de su origen o religión han expresado sus disensiones y críticas sobre la conmemoración.

El conflicto este año ha ido a más. Aprovechando los tiempos que corren, el PP ha pisado a fondo el acelerador de la bronca ideológica e identitaria mediante el reparto de 4.000 banderas españolas, sin escudo ni aditamento que encareciera la bagatela, para darle a la cosa un sentido actualizado y patriótico. Simultáneamente el secretario general del PP, el lanzaaceitunas Teodoro García Egea, para contrarrestar la Saeta de Serrat interpretada al piano por el fuguista Puigdemont, se ha puesto al órgano y ha dedicado al inquilino de Waterlooel himno nacional , tal vez con la esperanza de ser invitado a Viena para participar en el próximo Concierto de Año Nuevo. A fin de cuentas tan fausto evento tuvo sus orígenes también en un periodo de infausto recuerdo.

Mientras el PP se dedique a repartir banderitas rojigualdas en cada acto contrario a la integración y la convivencia y a  tocar el himno nacional para ajustar cuentas, crecerá el número de españoles que huyan razonablemente de unos símbolos que debían pertenecerles. Y estaremos más cerca del pánico que se nos anuncia. Se busquen la excusas que se quiera esta “decisión divina” es una auténtica maldición.

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