De Ciudadanos se podía esperar un nivel de exigencia mucho mayor en lo relacionado con la lucha contra la corrupción. Su voto favorable a la investidura de Rajoy merecía un precio más alto que el suscrito entre la formación naranja y el PP. Ellos sabrán por qué se han quedado tan por debajo de los niveles antes exigidos en Andalucía e incluso en Madrid.

el roto corrupcionEsa era su marca, su seña de identidad, frente al PP; en todo lo demás existen demasiadas coincidencias y apenas ligeros matices que apenas buscan un tono más moderno para el liberalismo económico que rampa por sus venas. O sea, Albert Rivera y sus responsables muchachos se han prestado a lavarle la cara al partido y al presidente, si llega a serlo, más responsables del desvío de dineros públicos a fines espurios e incluso ilegales; es decir, a la corrupción, cuando no al robo.

En el resto de los asuntos Ciudadanos ha repartido cal y arena, con medidas de aparente condescendencia respecto a sectores desprotegidos, aunque sin abordar las cuestiones más graves (reforma laboral, salario mínimo –que repercute en múltiples cuestiones–, etc.) y reforzando aspectos marcadamente regresivos en aspectos institucionales, como el Senado, las Diputaciones, la elección de jueces…

En esa tesitura, el dilema de si Ciudadanos iba a actuar como regenerador o mamporrero  ha empezado a resolverse. De regenerador…, muy poco.

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