Incrédulo del cambio y el progreso que anuncia la derecha.

Desencantado de la gestión y los modos de la izquierda que de puro realismo se dejó atrapar por los mercados.

Escamado de una izquierda que proclama promesas incumplibles, ajenas a la realidad en que habitamos.

Repugnado por el populismo barato de chaqueteros de río revuelto y por el nacionalismo religioso.

Insatisfecho con propuestas líricas que confunden la política con la preceptiva literaria y la ideología con una sinécdoque (la parte por el todo).

Obligado a buscar soluciones realistas a los sueños racionales…

 

En esta jornada electoral, antes de votar o botar[1], he decidido pensar.

Primera consideración: “Hay que salvarse juntos”.

Bertold Brecht culminó así un bello poema. Más Europa, menos ínsulas. Unión monetaria, económica y política. Limitaciones a la supuesta soberanía de los países supuestamente autónomos. Más presupuesto gestionado desde las instituciones comunitarias. Coordinación de las políticas económicas, fiscales y sociales. Redefinición del BCC y planes de impulso a la actividad económica. Fondos de cohesión interna, lucha contra el fraude católico y compromisos de solidaridad con quienes viven mucho peor que los europeos en crisis (África está mucho más grave). Revisión del despilfarro de la PAC y el proteccionismo localista. Fin a la ficción de la soberanía de los estados asociados y principio de algo que debió llegar mucho antes y que se detuvo por la ausencia de líderes y sociedades que combatieran la mentecatez nacionalista y estimularan la convicción de que los intereses de cada uno sólo se defienden desde una propuesta de todos.

¿Dificultades? Todas. ¿Recelos? Muchos, porque la Europa actual estimula poco. Sin embargo, sólo a través de la Unión se podrá influir para cambiar la realidad y el  mundo sobre la base de las viejas conquistas ahora amenazadas: el bienestar y la solidaridad.

Segunda consideración: Ajustar los mercados.

Es decir, coto a los especuladores, como paso previo a su abolición. Esa sí es una guerra justa o santa, según el credo. Tasas a las transacciones, regulación de las operaciones, erradicación de las operaciones virtuales, sometimiento de las instancias financieras a los intereses ciudadanos. Para ello se precisa un acuerdo global, que sólo se puede estimular desde posiciones de influencia (Europa) en colaboración con algunos países emergentes y contra la oposición de los símbolos del más rancio capitalismo (EE.UU) y del más nuevo y avasallador (por totalitario, China).

Tercera consideración: Vayamos a lo nuestro.

Si todo lo anterior es quimérico, lo posterior resultará imposible. O se degradará cual azucarillo en una letrina. En el mejor de los casos conoceremos fugaces espejismos.

Si todo lo anterior merece el empeño colectivo ,quizás podamos pensar en otros objetivos. Un requisito ineludible: recuperar el valor de la política. Sólo así se podrá emprender ese esfuerzo grandilocuente (hacia Europa contra los mercados por el derecho universal al bienestar) y sólo así se dotará de valor general, no marginal, a las iniciativas cooperativas que ya estimulan y reivindican un cambio del modelo social. Esa reivindicación de la política implica su propia transformación. La renovación de la izquierda (de lo demás, mejor no perder el tiempo; y de esto no se sabe) resulta imprescindible para aglutinar a una mayoría crítica y participativa, capaz de presentar un programa progresivo de transformación y dispuesta a establecer mecanismos de intervención ciudadana real más allá de los procesos electorales.

 

Animémonos (y arrimémonos) todos antes del fin del mundo

¿Ese puede ser el gran escollo? Lo temo. O como dijo Oscar Wilde, “el problema del socialismo, , es que ocupa demasiadas noches”.


[1] Arrojar, tirar, echar fuera a alguien o algo.

 

Sobre El Autor

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.