La Asociación de la Prensa de Madrid denuncia el acoso de militantes de Podemos a periodistas que cubren la información del partido. La asociación, habitualmente impávida ante los desprecios al derecho a la información del Gobierno de España, por no buscar en otros lugares, asume, sin aportar detalle o precisión alguna, las denuncias de supuestos profesionales que dicen haber  sufrido insultos y amenazas de supuestos militantes podemitas a través de las redes sociales.

No hay derecho, proclama el órgano profesional, tan poco dado a reivindicar el derecho a la información y la obligación de la decencia ante las presiones de las empresas de comunicación (empezando por los salarios de miseria), ante las limitaciones de los poderes públicos al ejercicio del periodismo, ante las amenazas e incluso la persecución del gobierno (vía fiscal, por ejemplo) contra algunos informadores críticos, ante la manipulación obscena de los propios medios y de los gabinetes de comunicación, ante las campañas publicitarias, ante los sobornos en forma de publicidad o campañas de propaganda, ante los contenidos pseudoinformativos, ante el deterioro de la información que desarrollan presuntos profesionales acogidos al club endogámico que se arroga esta denuncia secreta…

Una asociación representante de la profesión a la que unos y otros, incluidos no pocos asociados, han denigrado con sus comportamientos se queja no se sabe muy bien de qué. ¿De la persecución de unos pocos a través de las redes? Eso lo sufre la sociedad entera. Sin embargo, antes de suprimir las redes sociales, hay muchos días en los que parece más urgente suprimir la prensa. O, al menos, buena parte de ella.

No se trata de defender a los afines ideológicamente, sino a los que actúan con honestidad sin obedecer a intereses espurios y sin tergiversar los hechos en aras de aprioris convenidos o provechos propios o ajenos. Se trata de defender a los que tienen voz propia, pero contrastada; no a los que se someten a la voz de otros poderes, casi siempre económicos y políticos. Se trata de defender a los que explicitan el color del cristal con el que miran y no a quienes lo esconden.

Los moratones de este oficio no los han provocado las huestes de Podemos, pese a que la formación morada en ocasiones destiña. Son efectos de una degradación muy larga repleta de mamporrazos. Algo que la mencionada asociación profesional no ha denunciado; al contrario, algo que entidades de esa calaña han encubierto y alentado.

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