Antón Costa ha decidido animar a la sociedad española.

En primer lugar, respondiendo afirmativamente a la pregunta que plantea en El País, desde el título de su colaboración mensual: Por qué el consenso es posible. Lo es gracias a que “los resultados del 20D son como un velo de ignorancia”.

Y después, realizando el diagnóstico de la situación y fijando la terapia.

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Aunque se recomienda leer el artículo completo, la conclusión se explica en los tres últimos párrafos del texto:

“El asunto esencial es elegir bien las cuestiones que favorecen el consenso y descartar las que lo dificultan. El acuerdo es más probable cuando afecta a cuestiones de largo plazo, aquellas que afectan a las reglas de funcionamiento de la política. Reglas que cuando son acordadas por consenso mejoran la productividad de la economía y aumentan el bienestar social. Esta debe ser una legislatura orientada a los procedimientos, no a los resultados. Esos resultados —ya sean de las políticas laborales, fiscales o de gasto— se aceptarán si hay acuerdo sobre los procedimientos. De lo contrario, todos cuestionarán la legitimidad de las políticas de los rivales.

“¿Cuáles son esas cuestiones que favorecen el acuerdo? Es algo que tendrán que decidir los líderes políticos. Pero algunas son más factibles que otras. Una nueva regla electoral que permita recoger mejor las preferencias del conjunto de ciudadanos, sin penalizar a unos en beneficio de otros. Un cambio en el ordenamiento legal que permita abordar el problema catalán. Y, por extensión, el problema de la financiación suficiente y en condiciones de igualdad para el acceso a los servicios públicos fundamentales que prestan las comunidades autónomas (sanidad, educación, servicios sociales). Así como la reforma del Senado que lo convierta en un verdadera cámara territorial que proteja las competencias autonómicas de los arrebatos ocasionales del Gobierno central y sus ministros. Un acuerdo para la profesionalización e independencia de las instituciones, Administraciones y organismos públicos de forma que evite su patrimonialización por los partidos y la corrupción política. O una posición común sobre la UE y la eurozona, cuyas decisiones tanta influencia tienen sobre la economía y el bienestar de los ciudadanos.

“Para ello es necesario un acuerdo de gobierno que desde el inicio de la legislatura convoque la comisión constitucional para que en un plazo razonable, de dos o tres años, se pueda convocar un referéndum en España sobre el cambio en toda España y otro específico para Cataluña. El velo de ignorancia que introdujeron las elecciones del 20-D favorece esta legislatura del cambio, corta pero intensa. Y a partir de ahí, vuelta a la política de partido».

Merecería la pena que se atendieran sus sugerencias. O tal vez, ya que no me atrevo a ello, que Podemos propusiera a Antón Costas como presidente del Gobierno. (¿A fin de cuentas no habló Pablo Iglesias de la posibilidad de elegir a un independiente para ese puesto?).

 

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