Día  27

Palabras

El Parlament de Catalunya me deja sin palabras, abatido por la tristeza e incluso por las lágrimas. No me importa el valor o la legitimidad de su decisión, tampoco el futuro inmediato de las instituciones de Cataluña, ni siquiera las repercusiones legales que pueda acarrear la declaración del Parlament.

Me importa todo lo que hoy ignoramos, lo que este día va a provocar, todo lo que ahora mismo cabe temer.

Me importa la sociedad catalana rota por la desconfianza y el encono, por la fractura generada y, aún peor, por la que vendrá. Me importa la sociedad española; la que siente como propia la ruptura de la Cataluña dolorida y la otra, una vez más estimulada al desapego y al enojo contra una comunidad sin la que no podemos explicarnos ni entendernos.

La biografía de muchos españoles no catalanes  es inexplicable sin Cataluña. Por eso su desgarro. Yo mismo no puedo entenderme sin Cataluña. La he recorrido desde Sant Carles de la Rápita hasta Port de la Selva, desde Lleida a La Seu de Urgell y a Puigcerdá. No he recorrido y visitado ninguna otra comunidad autónoma con más dedicación. Y sobre todo, no consigo explicarme sin lecturas, canciones, espectáculos teatrales, museos, edificios, paisajes vinculados a ese lugar formidable. Y aún menos sin tantos proyectos compartidos, tantos amigos, tantos afectos, tantas emociones…

En mi generación somos muchos los no catalanes que hemos tenido más dificultades para lucir la identidad española que para proclamar nuestra empatía con Cataluña. El independentismo jodió aquel sentimiento, pero quedan las lecturas, las canciones, los paisajes y, sobre todo, los amigos y el afecto, aunque ya se noten algunas bajas en ese empeño.

Por eso no puedo entender la celebración de los supuestos republicanos que humillan a los que no pueden reprimir su tristeza; no alcanzo a comprender la risa de unos que provoca el llanto de otros; no puedo aceptar una sociedad dividida entre vencedores y derrotados. En mi cabeza solo cabe la celebración del reencuentro de todos los catalanes y de todos los españoles, y especialmente de quienes sufren en mayor medida la más cierta de las desigualdades, la exclusión e incluso la pobreza. Hoy no puedo ignorar que ese momento ya no podré disfrutarlo. ¿Se entiende mi destrozo?

Sin embargo, pese a todo, es necesario superar el abatimiento y la impotencia; recuperar las palabras “para evocar con ellas la tristeza, / para evocar con ellas la esperanza” (Julio Martínez Mesanza, premio nacional de Poesía 2017 por su libro Gloria).

Día  9

Emociones (2)

Abrumado nuevamente ante el televisor, recibo un mensaje de despedida. La emoción, íntima, anula el ruido; se ha hecho ajeno.

Emociones (1)

Hay detalles que explican por sí solos la importancia de los estados emocionales en la toma de decisiones. Una persona a la que quiero sin recato –porque lo merece y, sobre todo, porque lo exigen su generosidad y su cariño– me confiesa que el día que vio por televisión cómo los guardias civiles o los policías nacionales golpeaban a quienes bloqueaban el acceso a los colegios electorales del 1–O lloró con tanto desconsuelo que acabó yendo a votar. Y añadía: “sin embargo, no lloré en otros momentos, cuando vi cómo los Mossos de Esquadra golpeaban a manifestantes pacíficos, entre los que estaba mi propio hijo”.

Día  6

Mariposas

Se me ocurren pocas cosas más estúpidas que la de pensar que la chica que aparece en la televisión me está mirando a mi. Y solo a mi.

Día  5

Contradicciones

Aunque con frecuencia presuma de ellas, porque me gusta argumentar que no hay ser humano decente sin razones e incluso convicciones enfrentadas, me asaltan mis propias contradicciones. En estos días, una en especial: por qué me cuesta aceptar las decisiones de los más próximos a favor de la independencia de Cataluña (o, al menos, a apoyar los procedimientos del independentismo), mientras me muestro condescendiente con otros, ajenos, que expresan actitudes similares.

Reclamo algo a todos: el respeto al otro; también lo ofrezco. Y algo más: que las emociones se expresen en carne viva sin necesidad de tergiversaciones mediante la banalidad de argumentos aprendidos, muchas veces falsos y siempre ajenos. Y a partir de ahí, debatir sobre lo debatible: los motivos, las razones, los proyectos…

Comprendo que el choque de emociones, inevitable, crece de modo diferente en unos casos y otros. Piens otambién que a unos les reclamo el debate del problema desde su raíz y en otros busco apenas que podamos convivir juntos sin enojos. Con unos aspiro a seguir siendo solidarios, cómplices, hermanos; con los otros acepto mantenernos como vecinos educados, que se saludan cuando caminan por la urbanización o por la acera, y que comparten una paella junto a la piscina en primavera siempre que nadie te obligue a poner, tras el almuerzo, las cartas sobre la mesa.

Día  4

Aliento

Después de unos días infames, siento un resquicio de esperanza.

Se llama Gerard Piqué.

Lo era de antes. Lo amplifica ahora. Escribiré de ello, luego.

1-O

Día triste

“Nunca en mi vida he amado a ningún pueblo ni colectivo… El único amor que conozco y en el que creo es el amor a las personas”.

(Hannah Arendt, Eichmann en Jerusalén)

 

“No amo mi patria.

Su fulgor abstracto es inasible.
Pero (aunque suene mal) daría la vida
por diez lugares suyos, cierta gente,
puertos, bosques de pinos, fortalezas,
una ciudad deshecha, gris, monstruosa,
varias figuras de su historia, montañas
y tres o cuatro ríos”.

(José Emilio Pacheco. Alta traición)

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