Día 24

Sin humos

Aniversario peculiar. Tal día como hoy, hace cuarenta años, fumé mi último cigarro. Fue una decisión imprevista, aunque meditada. Debía hacerlo, pero no encontraba el momento o la justificación. Faltaban apenas tres meses para que naciera mi hija mayor, pero tamaño evento no me servía de coartada.

El catarro que arrastraba alcanzó aquel día como hoy, hace 40 años, una dimensión extraordinaria, casi sobrenatural, porque me hizo temer mi inmediata ascensión a los cielos. A duras penas conseguía respirar… débilmente. Si no fumé, pues, se debió a que me faltaba el aire y sin aire no cabe sin la inspiración ni la combustión; si acaso, la expiración. No hubo otra; nada de esfuerzo, solo impotencia. El momento decisivo se produjo, por tanto, al día siguiente, cuando conseguí que un hilillo de aire fuera y viniera del exterior a los pulmones y viceversa.

Desde entonces, ni una calada. De un día para otro, después de varios años de tres paquetes quemados en cualquier parte a lo largo de todo el día y todos los días. Al principio, lo que ahorraba en tabaco lo invertía en empanadas y agujas de hojaldre rellenas de carne durante el camino de casa hasta el periódico. Poco a poco me fui tranquilizando. Desde muy pronto empecé a respirar sin que resoplaran los pulmones y volví a jugar alguna pachanga al baloncesto sin tener que pedir un receso al poco de empezar para soltar el bofe en medio de unos truenos que convertían la tos en el preludio de la agonía. En uno de aquellos arrebatos comprendí por qué a dichos paréntesis en el juego se los llamaba tiempo muerto; lo más próximo a mi caso; yo mismo me veía e incluso me olía en la antesala del responso.

Sobreviví. Por eso lo conmemoro. Y lo celebro.

 

Día 5

Tiempo

Las incidencias personales –una operación, un viaje, otro acontecimiento– pasan de un modo regular, homologable. Cumplen días, semanas, meses, años… Para la ausencia del amigo no vale el cronómetro.

No es lo que decimos, sino cómo parece. La vida transcurre en esos casos a un ritmo desigual. El 5 de mayo del pasado año permanece quieto, ahí mismo, todavía. El tiempo se mide con emoción y memoria. Cuando estas faltan, el reloj resulta útil. Entonces.

Sobre El Autor

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.