El año ha empezado turbio porque así terminó el anterior. El calendario no resuelve la insatisfacción ni la nostalgia.

Por eso, el primer día de este 14 escribí mi propósito para el nuevo año: sentirnos dichosos e incluso, algún ratito, felices.

Félix de Azúa, en El País Semanal, durante una entrevista que firma Juan Cruz, atempera aún más mi propuesta: “La felicidad, no te engañes, es un invento de las banca… Las personas dichosas o joviales solemos ser muy críticas, y a veces la gente se confunde y cree que somos aguafiestas, cenizas… Justamente porque estamos continuamente viviendo la fiesta nos preguntamos por qué no hacen más fiestas, por qué le tienen miedo a la fiesta…, por qué las propuestas son tan tristes, tan menesterosas y tan funcionariales…”.

Un día comprendimos que la auténtica quimera consiste en huir de la frustración. Por eso basta la dicha, aunque sea a ratitos.

¿Qué es mejor en ese empeño: el yo o el nosotros? Alex Grijelmo aborda hoy, con datos sugerentes, una de las obsesiones que me han recorrido a lo largo del tiempo: la indecente prepotencia del yo o, mejor, el abuso del yo.

 

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