Día 31. Razones

Hay días en los que escribo por pura cabezonería. Sin tener ni saber qué decir. Tengo una razón poderosa, irrefutable: este es mi seguro contra la desmemoria. Pasado mañana podré leer lo que pensaba ayer. Sin embargo, es posible, lo temo, que entonces no lo entienda.

Eso ya me está pasando ahora mismo con las cuatro líneas que llevo escritas.

En una ocasión anterior quise resolver la misma contradicción con una expresión pianística: se trata de hacer dedos, me justificaba.

Por lo uno, lo otro o lo que se me ocurra constato que hay días en blanco. Y para qué ensuciarlos.

Día 18. Gorbachov

En estos días leo artículos que rememoran la figura de Mijail Gorbachov: por lo que fue y por lo que todavía dice aunque con mínima influencia. He respetado al personaje, porque su trayectoria política me ha parecido más que interesante. La historia de un perdedor, de un hombre contradictorio, lúcido en el análisis de la realidad soviética, sometido a las ideas sobre las que había construido su personalidad y su poder, valiente para acometer unas reformas que le convirtieron en rehén de los recalcitrantes, ingenuo para pretender ser fiel a sus principios en las ruinas de un régimen nefasto y ante el acecho de tiburones insaciables.

De Gorbachov recuerdo una rueda de prensa junto a Felipe González en los últimos momentos de su mandato. Tuve la oportunidad de preguntarle: ¿siente usted el desapego de los dirigentes que le apoyaban y aplaudían hace solo unos meses y que ahora le miran con recelo? No entendí su respuesta, por ajena y evanescente. Había que conformarse. Algunos colegas vinieron a preguntarme por lo que Gorbachov había respondido. No fuimos capaces de entenderle.

Algo mucho más grave le ocurrió después. Y por eso de la perplejidad de aquel momento concreto pasé al respeto, anterior y posterior. Por contradictorio, por ingenuo, porque tomó decisiones que, aun sin quererlo, cambiaron un mundo que requería cambios, aunque los que propició contribuyeran a alimentar tiburones próximos y lejanos, desde Yeltsin y lo que vino después a Reagan y lo que le sucedió.

15. Horóscopo

De mis comienzos periodísticos guardo un recuerdo irrefutable que me avala contra cualquier esoterismo. Bajo esa experiencia escribí hace unos días Contra la fe, incluida la verdadera.

Recuerdo la vieja redacción de El Adelanto: una mesa rectangular, de comedor, con una superficie verde, en torno a la que nos sentábamos a preparar los textos que debían salir al taller, a preparar los cables de agencia, a corregir pruebas, a recibir gente o a conversar. Solo nos apartábamos intermitentemente de ella para cortar las hojas continuas del teletipo, para recoger las crónicas telefónicas de los corresponsables o para escribir nuestros propios trabajos, lo que hacíamos en cualquier rincón cercano, porque el espacio no daba más de sí, aprovechando que las máquinas se desplazaban sobre ruedas.

En aquella redacción y aquella mesa todos los viernes ultimábamos el suplemento del domingo, unas pocas páginas (pocas, aunque de tamaño sábana) en las que se incluía alguna entrevista de elaboración casera y muchos reportajes de agencia. Luego vinieron las páginas de cine y teatro que redactábamos, insomnes, Juan Antonio y yo.

En todos los suplementos se publicaba un horóscopo que la agencia Mencheta remitía puntualmente los jueves o, a lo sumo, los viernes por la mañana. Alguna semana el correo falló. Entonces el director, Enrique, me reclamaba: «Jesús, hoy haces tú el horóscopo». Y yo, que no sabía nada de constelaciones ni signos zodiacales, hasta el punto de que aún no sé a cuál pertenezco, mezclaba frases de otras semanas sin necesidad de confabulación algorítmica alguna y presentaba la mercancía requerida.

Nunca se registró queja alguna. Y eso, en Salamanca, tenía mucho mérito: la Astrología reina desde hace casi ocho siglos en la vieja Universidad, en el aula más representativa de su Alma Mater, la que maravilla a los visitantes con la representación del denominado Cielo de Salamanca, donde se reproducen todas las constelaciones conocidas en la que era aula de Astrología.

Mis horóscopos no provocaron ningún tipo de queja. Y si las hubo, nunca fueron más que las que merecían los horóscopos auténticos, los avalados por gentes sabias en tales enigmas. ¿Cómo creer así en la astrología, en cualquier esoterismo u otras monsergas ecosaludables y siempre falaces? Imposible.

Día 9. Nieva

Granara nos recibió con frío y algunos copos. La noche nos cubrió de nieve y el ambiente se tornó muy cálido, plácido. Véase más:

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Día 7. Sancho

Llego a Milán. Un vuelo tranquilo, una larga espera en el aeropuerto de Malpensa, dos buenas oportunidades para terminar El final de Sancho Panza y otras suertes, de Andrés Trapiello (Destino 2014). Hace tiempo decidí que este año volveré en distintas ocasiones sobre Cervantes, sobre El Quijote y sus adláteres. Las dos obras del leonés, la mencionada y Al morir don Quijote, entraban en este último apartado.

Sobre los asientos del avión, la cafetería y la sala de espera tomo notas:

“Siempre se está más cerca del final que del principio”, proclama Sancho Panza.

“No hay memoria de la que el tiempo no acabe ni dolor al que la muerte no consuma”, dice Sansón Carrasco.

“Un exceso de memoria daña la vida”, arguye el bachiller.

El viaje condiciona los subrayados.

Día 1. Fracasar 

Leí la cita hace unos días. La guardé para este día, cuando se iniciara la sesión de investidura del candidato Sánchez. Lo dijo Samuel Beckett: “Fracasar y fracasar otra vez es mejor que no hacer nada”.

Dicho sea, tan solo tal vez, como consuelo.

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