– ¿El director de informativos de TVE tiene que ser periodista?

– No es necesario.

– ¿Qué podría ser, si no…?

– No sé. Muchas cosas…

– Dime alguna.

– Te diré cuál no puede ser: que quiera parecer periodista haciendo lo contrario que se debe exigir a un periodista.

– No lo entiendo.

– Piensa en Julio Somoano.

 

Julio Somoano es el nuevo director de informativos de TVE. Él se cree periodista. Tiene títulos que así lo acreditan. Practica actividades antagónicas con el periodismo. Pero lo peor no es eso, sino que esto último no lo sabe.

Procede de Telemadrid, lo cual, en estos tiempos, empieza a ser sospechoso.

Con cargo y responsabilidades en la estructura del canal de Esperanza Aguirre, cosa que, en estos tiempos, transforma toda sospecha en pura certeza.

Hubo un tiempo en el que trabajar en Telemadrid o proceder de Telemadrid aportaba, en el ámbito de la televisión pública, credibilidad, rigor, innovación… aire fresco. Llovió mucho. Barbaridades.

Haber tenido responsabilidades en estos últimos tiempos en Telemadrid sin haber levantado la voz, sin haberse negado a presentar determinadas informaciones e incluso algunos informativos, desacredita a los personajes que las asumieron. La manipulación de la cadena en los últimos años ha sido y es obscena. No porque así lo hayan denunciado los sindicatos, sino porque lo han hecho muchos trabajadores. Y porque lo hemos visto, mientras el cuerpo aguantó la mera observación de tanta mierda, muchos ciudadanos; luego, buscamos el único refugio posible, TVE, o el silencio.

Haber participado sin rubor en Telemadrid en estos tiempos obliga a asumir la sospecha de complicidad. Haber puesto rostro y voz a tanto desatino es mucho más que complicidad; es delito. Periodístico.

Y hay más, aunque estas contradicciones resulten menudencias para la mayoría del personal. Confundir la información con la opinión, mezclar la información con la asesoría de imagen o la dirección de comunicación, liarse en la trama política como un elemento más del proceso informativo… es engaño al ciudadano. La antítesis del periodismo.

Lo importante no es la ideología, porque de eso habría que exigir buenas dosis a cualquier periodista que se precie, para que, luego, en el ejercicio profesional, anteponga los hechos a cualquier interpretación, transmita datos antes que explicaciones, organice todo lo comprobado sin trampas. Es decir, defienda el derecho de los ciudadanos a la información.

Defender el periodismo sin ser radical en estos planteamientos es imposible. Y por eso hay tanta gente que se reconoce periodista sin saber que no puede serlo por muchos títulos, por muchas tertulias en las que participan (cuantas más, peor, aunque una sola sea suficiente), por muchas asesorías de comunicación que practique (cuantas más, peor, aunque solo una sea suficiente), por mucho conchabeo con el poder o los poderosos (como acudir al despacho de Cospedal a preparar la defenestración de Fran Llorente): porque la lógica de sus intereses domina y confunde el único derecho que aquí importa: el de los ciudadanos a la información.

Julio Somoano tiene muy acreditada su incompatibilidad. Quizás por eso le hayan elegido.

 

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