Hubo un tiempo en el que la democracia –liberal, la apellidábamos entonces– nos parecía un mal menor; en ningún caso, un objetivo definitivo. En el actual se nos antoja una aspiración irremplazable ante el riesgo de la radicalización ultra y los nacionalismos ensimismados. De ello da cuenta Miriam Martínez Bascuñán en Lecciones de Turingia,

Angela Merkel –a la que denostamos con ahínco al comienzo de la crisis– se ha convertido en un icono de esa aspiración irremplazable. Atrás queda la rigidez de su puritanismo económico y renano, diluido tras su compromiso con los inmigrantes, su defensa de la democracia y su sentido del deber público.

Frente a tanto estraperlista esta mujer dignifica la política. Hay personajes con los que merece la pena estar en desacuerdo. Generan respeto.

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