Después de reconocer que en Afaganistán él mismo había matado desde el helicóptero Apache a algunos talibanes con el mando a distancia, el príncipe Enrique de la Gran Bretaña hace otra afirmación estremecedora: “Es un placer para mí, porque soy uno de esos a los que les encanta la PlayStation y el Xbox; por eso me gusta pensar que probablemente soy bastante útil utilizando las yemas de mis dedos”.

– Toda su inteligencia, en la yema de los dedos.

– Cierto, ¿pero qué me dices de los videojuegos?

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 A uno de los dueños del club Milady, de Marbella, le dispararon doce balazos con un fusil Kaláshnikov a la salida de su domicilio, por algún motivo superprotegido y blindado. La policía vincula el asesinato con actividades propias del negocio, tantas veces limítrofe con el delito: drogas, prostitución, armas…

Más extraño resulta que la venganza y la agresión también sea propia de los ámbitos culturales más exquisitos. El director del Teatro Bolshói de Moscú ha perdido un ojo, puede perder el otro y su rostro ha quedado desfigurado, porque un encapuchado arrojó ácido sulfúrico sobre su cabeza, también a la salida de su vivienda. Acciones tan bárbaras son frecuentes en el excelso mundo del ballet ruso.

– La ambición es patrimonio del ser humano.

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También la Iglesia católica ha conocido episodios de esta índole. Ahora se lo piensan, pero también discuten por ver quién manda o quién puede. Véase, si no, como los señores obispos han bloqueado y boicoteado las jornadas de reflexión promovidas por Escuela Católica; es decir, la Federación de Religiosos de la Enseñanza.

– Es que los señores obispos tienen sus propios gustos. De sabor añejo.

– Los propios de algunos predecesores.

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Otra historia de poder y muerte (en este caso, de animales e irracionales) es la que se libra en algún parque nacional, convertido –más que en reservorio– en coto y cortijo con el beneplácito del director de Parques Nacionales, un avezado cazador (de gamos, ciervos y jabalíes) que comparte monterías, si se logra, con altos empresario, altos dirigentes y alto rey.

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¿La solución de todo esto?

¿La del viceprimer ministro y ministro de Finanzas de Japón? Él propuso: “que se mueran pronto” (lo dijo a los ancianos enfermos, para reducir los gastos de su atención).

Así no, Mejor, con un matiz así: Que se mueran pronto los que quieren la muerte”

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