Comienza la undécima legislatura. Las Cortes se constituyen. ¡Acción!

Rajoy se ha movido. Parece increíble, pero el hombre previsible hasta el extremo ha ganado la partida… por sorpresa. La alianza secreta del PP con los nacionalistas otrora llamados moderados –es decir, conscientemente de derechas; a diferencia de los que lo son inconscientemente– ha sorprendido a los que no estaban en el ajo. Pablo Iglesias lo reconoció abiertamente, apenas concluida la sesión de constitución de Las Cortes, para explicar la perplejidad que le embargaba y le impedía analizar más profundamente lo ocurrido.

rajoy-se-parapeta-en-su-autismo-para-ganar-elecciones-sin-oir-la-calle-ni-cumplir-promesasRajoy se movió en la dirección correcta. Después de marear la perdiz con el sempiterno reclamo a la responsabilidad de los socialistas, descubrió sigilosamente otras posibilidades, como aquí mismo se le había sugerido. La sorpresa no radica, pues, en los aliados que han aparecido en el camino, sino en la súbita irrupción del acuerdo aún encriptado. El defensor de las esencias patrias y los que desean romper España se arrejuntan sin aviso ni anestesia preventiva.

Más allá del susto, el acuerdo inesperado tiene interés, porque ya era hora de que el PP y los nacionalistas otrora denominados moderados se sentaran a hablar, sin sentirse obligados a echarse en cara un revoltijo casi infinito de medias verdades y un montón de falsedades y medias. Convenía que observaran recíprocamente de cuerpo entero, sin que los cuernos y los rabos demoníacos acapararan las miradas y la identidad del otro. Resultaba necesario que unos y otros asumieran responsabilidades comunes desde las que resolver las diferencias, abrir las puertas de sus respectivas trincheras y descubrir que, tras ellas, hay albergues capaces de acoger a la familia, a los amigos, a los vecinos, a los visitantes e incluso a los refugiados.

rajoy-tancredoSi ese fuera el plan, habría que reconocer el acierto del envite. Y habría que recriminar al PSOE, cuyo Comité Federal vetó cualquier aproximación a los indepes (a los que van de eso, más o menos en serio), que no hubiera intentado esa aproximación, tal vez con mayores dosis de credibilidad. Pedro Sánchez pudo intentar alianzas más sólidas con ellos y también con Podemos, para crear un marco de entendimiento, de negociación, de reformulación de las querellas que se arrastran.

Rajoy, de perdido, se arrojó al río. Fue más valiente, supongámoslo así, siquiera un rato. Los socialistas han renunciado a explicar la complejidad de la política para refugiarse en eslóganes que, aunque bien construidos en algunos casos –el de las cuestiones territoriales, por ejemplo–, suenan a monserga o a mandanga de tanto repetirlos. Pudieron afrontar simultáneamente varios frentes y, quién sabe, hasta formar un gobierno mejor que el que está a la espera,

Tras haber jugado muchas veces al despiste ­–ofreciendo una mano de amigo mientras la otra ejercía de trilero–, Podemos expresaba su sorpresa, para evitar reconocerse no solo como incauto sino también como responsable de no haber evitado el mal mayor que ahora amenaza. El aliado natural del nacionalismo otrora llamado moderado no era la coalición de progreso. Podemos había errado en sus cálculos cuando quiso contar con quienes les rehuían, cuando reclamaron al PSOE que se sumara al batiburrillo con quienes tramaban la celada. Los sociatas acertaban, contra muchos pronósticos bienintencionados, porque no sumaban, como se dice ahora, y ese dato carga de sentido y de razón el que buscaran la tabla de salvación en Ciudadanos para forzar a Podemos a un compromiso con el mal menor; es decir, un puro ejercicio de pura política, aunque, dicho así, esta reflexión parezca el fruto de la decepción o el desencanto..

Por todo ello en la sesión de constitución de Las Cortes Pablo Iglesias se quedó, más que sorprendido, atónito. El gobierno que vendrá pudo ser otro, si sus cuentas de la lechera hubieran gozado de mayores dosis de realismo.

Pero la partida no ha concluido. El PSOE respira aliviado de momento, porque cree que ya no es él el burro que debe acarrear el fardo del nuevo gobierno, que hay otros que pueden cargar el bulto e incluso que están dispuestos a hacerlo. Podemos ya sabe que sus aliados son menos de los que pensaban y que renegar del PSOE (y viceversa), a día de hoy, hace inviable cualquier proyecto de progreso.

tara6No se fíen. Hay galanteos que acaban en tragedia. La literatura está llena de ejemplo; la realidad, aún más. A Ciudadanos le ha dado un ataque de celos. Antes muertos que aliados con los nacionalistas, incluso los otrora denominados moderados. De otras contradicciones no menores ya han salido. Pero si se empeñaran en abandonar el barco e incluso la negociación sobre los presupuestos, podría ocurrir que el país entero se quedara compuesto y sin novia. Todos los demás tienen coartada para decirle a Rajoy que no mire hacia ellos.

Entonces, si los pretendientes se tiran de los pelos, volveremos a comprobar que no hemos salido del mal sueño, que la pesadilla no ceja pese a esos intervalos en que asoman el interés o el extravío, el que provoca la sorpresa.

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