Se escuchan algunas argumentos, se leen otros y cabe pensar que solo una parte de los ciudadanos implicados en el conflicto que aquí denominamos Disparate Nacional detenta derechos. La otra, imposición y violencia. Se mire desde donde se mire, unos u otros. El nosotros en estas circunstancias desaparece.

Para curarse resultan aconsejables algunas lecturas terapéuticas más complejas. Por ejemplo, la entrevista de Ramón Lobo a Josep Fontana, un historiador con prestigio por encima de toda sospecha, quien en eldiario.es explica que esta no es “una batalla entre buenos y malos”, sino que en ella “perdemos todos”. Puede complementarse con otra entrevista del propio Ramón Lobo a otro historiador, José Enrique Ruiz Domènec, quien afirma que “Se ha sustituido la democracia parlamentaria por una aparente democracia callejera y rupturista”. En  el mismo periódico digital, Lina Gálvez compara el Brexit y el Procés y ofrece otro punto de reflexión para no lanzar campanas al vuelo.

Luego, en El País, Antonio Santamaría traslada algunas claves sobre el nacionalismo que ha gobernado en Cataluña, imprescindibles para entender el Combate por la hegemonía. Sin olvidar la entrevista del que fue president de la Generalitat y antes ministro español, José Montilla. Sus consideraciones merecen atención: no tanto por sus cargos o responsabilidades como porque él mismo intervino en la actual deriva cuando aún había tiempo para encauzarla. Otros obviaron el aviso y unos terceros empujaron al actual Disparate nacional.

Y aquí estamos: o tratando de entenderlo o buscando la manera de salir de este enorme atolladero.

¿Dónde está el derecho, dónde la imposición? En vez de gritar, mejor… ¡leamos!

 

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