Leo en El País el artículo de Antonio Rivera, ¡Es política, no fútbol! y me parece una explicación coherente sobre la crisis del PSOE desde sus propias posiciones y postulados. No obstante, prefiero una visión más general, que contemple las acciones e interacciones de múltiples actores. Por eso casi siempre he planteado los análisis al respecto desde la perspectiva del cerco, del asedio ejercido sobre el PSOE y asumido por él mismo.

percepcic3b3n-de-la-realidadEste es el resultado de múltiples confluencias y, muy en especial, de los medios de comunicación, incluidas las redes sociales, protagonistas fundamentales del proceso, no tanto por posición (digamos) ideológica como por su capacidad para definir y acotar el terreno de la política y, por tanto, trasladado al fútbol, del juego mismo. Si el fútbol se disputara sobre una superficie romboidal o completamente irregular, sería otra cosa. Algo de eso ocurre con la política sobre la que discutimos y filosofamos y los medios. De ello daba buena cuenta otro artículo publicado en El País: lo firmaba Manuel Arias Maldonado, se titulaba Votante ‘in fábula’, que, en el fondo, concide con muchas reflexiones que Juan Alberto Entizne, a la luz, entre otros muchos, de Giovanni Saltori, ha publicado en la sección Ágora de este Lagar de Ideas. (Véase uno, véase otro y, si le apetece, busque más).

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Volviendo al caso que nos ocupa, y visto desde hoy mismo, el cerco toca a su término: la decisión final sobre la investidura es exclusiva responsabilidad del PSOE, según todos los demás intervinientes y, eso es lo peor, él mismo. Como si el resto hubiera carecido de papel o se hubiera visto desprovisto, de la noche a la mañana, del que le otorgaron los votantes. El PSOE no saldrá indemne, pero los demás tampoco podrán mirar a los ciudadanos a la cara, porque la política aplicada ha sido fundamentalmente cínica.

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