«Lejos de los hombres». David Oelhoffen, 2014

Argelia, 1954. Está comenzando la terrible guerra de liberación frente al colonizador francés. Daru, nacido en esa tierra, descendiente de andaluces y comandante del ejército galo durante la todavía reciente Guerra Mundial, vive y da clases a niños en una escuelita perdida entre montañas desérticas y pedregosas. Hasta allí le llega el encargo de conducir a la ciudad de Tinguit a un prisionero, Mohamed, acusado de asesinar a un pariente por motivos económicos. Daru se resiste con todas sus fuerzas, pero acaba aceptando, convencido por Mohamed de que su condena a muerte por los franceses sería la única forma de evitar un terrible cruce de venganzas familiares, según las tradiciones imperantes en su pueblo.

Comienza así un largo recorrido por tierras ásperas de climatología inclemente, donde los dos hombres, cada vez más unidos por las confidencias que poco a poco se van haciendo, tendrán que afrontar graves episodios de violencia, tanto del ejército de ocupación francés como de los rebeldes que tratan de avanzar en tan despoblado territorio, mientras Daru intenta convencer a Mohamed de que se fugue, no vuelva jamás a su pueblo y rehaga su vida en cualquier otro lugar.

Partiendo de uno de los seis relatos cortos que integran el libro «El exilio y el reino», de Albert Camus, pero llevando más allá tanto la acción descrita como las implicaciones de todo tipo que gravitan sobre la relación entre los dos protagonistas, y de estos con su entorno, Lejos de los hombres –segundo largometraje del realizador francés David Oelhoffen tras Nos retrouvailles (2007) y varios cortos rodados a partir de 1996– adquiere un cierto aire de western con resonancias clásicas, extraordinariamente físico en sus imágenes pero denso y sólido también en sus planteamientos y apuntes de carácter moral e incluso político.

En unos momentos de exacerbación de los nacionalismos de todo tipo, que después de haber sembrado de cadáveres los procesos de descolonización a lo largo de buena parte del siglo pasado parecen resurgir ahora con una proliferación y endurecimiento de fronteras en los países teóricamente más avanzados –muchos de los cuales deben buena parte de su prosperidad al expolio sistemático de las fuentes de riqueza de las colonias, disfrazado ahora de libre comercio y otros crímenes institucionalizados por el estilo–, resulta muy oportuna esta reflexión sobre el absurdo de muchas formas de pertenencia inventadas para garantizar el sometimiento de los desposeídos: de hecho, tras su larga trayectoria vital, Daru admite que es un francés para los argelinos y un argelino para los franceses, y solo sus convicciones más arraigadas le permitirán hacer frente a una situación que lo desborda, obligándolo a abandonar el peculiar retiro que había encontrado, dedicándose a enseñar a leer a niños pequeños y alimentándolos en la medida de sus posibilidades, como si de un moderno cooperante se tratase. Y también resulta sarcástico que las autoridades coloniales lo amenacen con cerrar su escuela por no tener más que alumnos nativos, y no franceses.

Hay algo asimismo en esta sugerente película que recuerda a otras producciones recientes que, como Mandarinas (Mandarinid, 2013), de Zaza Urushadze, por ejemplo, referida en este caso al infierno de los Balcanes postsoviéticos, hablan de la necesidad de comprensión y solidaridad para superar tantas barreras irracionales.

Es verdad que, dispuesto a llevar al límite la formulación de Camus y su propio desarrollo, el director y guionista David Oelhoffen introduce elementos cuya verosimilitud es más bien problemática –esa escuela tan remota y aislada que parece puramente metafórica, como ese burdel regentado en pleno desierto por una madame interpretada fugazmente por Ángela Molina–, pero la perfecta sintonía existente entre los protagonistas encarnados por Viggo Mortensen y Reda Kateb, así como la presencia de leves e inesperados toques de humor en medio de ese constante caminar por el desierto, convierten una película que podría parecer una especie de aventura al aire libre en un ensayo de relaciones interpersonales y sociales lleno de matices de todo tipo.

 

FICHA TÉCNICA

Título original: «Loin des hommes». Dirección y Guion: David Oelhoffen, libremente inspirado en el relato de Albert Camus, «El huésped». Fotografía: Guillaume Deffontaines, en color. Montaje: Juliette Welfling. Música: Nick Cave y Warren Ellis. Intérpretes: Viggo Mortensen (Daru), Reda Kateb (Mohamed), Djemel Barek (Sliman), Vincent Martin (Balducci), Nicolas Giraud (teniente Le Tallec), Jean-Jérôme Esposito (Francis), Ángela Molina (señorita Martínez), Yann Goven (René). Producción: One World Films, Pathé, Perceval Pictures, Kaléo Films y Jouror Développement (Francia, 2014). Duración: 101 minutos.

 

Más información en programadoble.com, el blog de Juan Antonio Pérez Millán.

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